El regreso de Shakira a los escenarios ecuatorianos desató una ola de entusiasmo que transformó a Quito en punto de encuentro para fanáticos de todo el país. Desde Guayas, Manabí, Los Ríos y varias provincias de la Sierra, cientos de seguidores arribaron a la capital para disfrutar del esperado concierto de la artista colombiana, cuyas presentaciones, según el Cabildo, podrían congregar a más de 100.000 personas.
Entre los asistentes está Diana Neira, de 32 años, quien viajó desde Guayaquil el jueves anterior. Pagó $15 por el pasaje en bus y se trasladó junto con quince amigos para vivir la experiencia. Su boleto en cancha le costó alrededor de $400, con el objetivo de ubicarse lo más cerca posible del escenario del estadio Olímpico Atahualpa. “No quiero ir con expectativas porque quiero asombrarme. Shakira siempre logra sorprender”, comentó mientras hacía fila desde tempranas horas del sábado.
Neira planea permanecer una semana en la capital para aprovechar su visita con actividades turísticas. “En el concierto anterior, en Guayaquil, hubo desorganización. Esta vez quiero entrar con calma”, recordó sobre la última presentación de la artista en Ecuador, ocurrida hace siete años.
El ambiente en los alrededores del estadio fue de fiesta. Kerty Alcívar, de 56 años y proveniente de Manabí, llegó el viernes en su propio vehículo junto con familiares. “Vinimos a ver a Shakira y a gozar un poco de Quito también”, dijo mientras descansaba en un banco de piedra en la avenida Naciones Unidas. Prevenida ante el clima quiteño, llevaba dos ponchos para la lluvia y mencionó que antes del show aprovecharía para recorrer los emprendimientos locales. “Se siente el entusiasmo. Todos buscan accesorios y vestimenta para estar acordes con el concierto”, señaló.
También desde la Costa, Samantha Monasterio, de 33 años, viajó de madrugada desde Guayaquil en un grupo de dieciséis personas. Llegó a Quito a las 07:00 del sábado tras un trayecto de más de seis horas. Su entrada de preferencia costó $100. “Soy fan de Shakira desde hace 23 años. No podía perderme esta gira”, expresó mientras aguardaba en la vereda, a pocas cuadras del estadio.
Monasterio explicó que decidió contratar una camioneta privada a través de una agencia para evitar complicaciones de transporte. “Si tomaba bus público llegaba a Quitumbe y no conozco bien cómo moverme por la ciudad. Preferí algo más seguro”, indicó. Descartó viajar en avión debido a que las tarifas alcanzaban los $600 por persona. Tras su llegada, desayunó, visitó un centro comercial cercano y caminó por el parque La Carolina para pasar el tiempo antes del ingreso.
En tanto, Bertha, oriunda de Los Ríos, llegó el viernes en avión con altas expectativas. Desde las 10:00 del sábado ya se encontraba cerca del estadio. “Es mejor estar entre los primeros que entre los últimos, sobre todo en cancha, porque a veces no se respetan los lugares”, dijo. Es la segunda ocasión en que asiste a un concierto de Shakira, tras haber presenciado el show que ofreció en Guayaquil hace algunos años. “Espero que esta vez la organización sea mejor”, comentó antes de confirmar que regresará a su provincia el domingo.
En las inmediaciones del Atahualpa, el movimiento era constante. Algunas personas preguntaban en las taquillas por entradas disponibles, mientras otras aguardaban en sillas de plástico la apertura de las puertas, guardando lugares para amigos o familiares.
También hubo quienes intentaron revender boletos, incluso a precios menores de los originales. Una mujer proveniente de Guayaquil relató que su esposo había comprado dos entradas por $600, pero buscaba venderlas en $400. “El viaje en bus duró seis horas y hay mucha gente tratando de conseguir un boleto”, explicó.
Entre emociones, filas y fanatismo, la presencia de Shakira no solo atrajo a miles de seguidores, sino que también impulsó el movimiento turístico y comercial en Quito durante el fin de semana, con hoteles, restaurantes y locales cercanos registrando alta demanda.

