El enfrentamiento entre el Gobierno nacional y el Municipio de Guayaquil por la calidad del agua potable subió de tono este fin de semana. El alcalde Aquiles Alvarez publicó un video en su cuenta de X (antes Twitter) en el que, frente a las acusaciones del presidente Daniel Noboa, bebe un vaso de agua para demostrar que el líquido distribuido en la ciudad “no tiene caca, ni metales, ni bacterias coliformes”.
“Ya, señor presidente, dejémonos de cosas. Aquí estoy tomando el agua que usted dice que tiene caca. No tiene caca, no tiene metales pesados, no tiene bacterias coliformes. Lo que sí tiene es certificación INEN y más de 70.000 análisis de calidad al año que garantizan su potabilidad”, afirmó Alvarez en la grabación, mientras recorría las zonas donde supuestamente el Gobierno habría tomado muestras contaminadas.
Según explicó el alcalde, las imágenes y datos difundidos por el Ministerio de Ambiente no corresponden al sistema de agua potable, sino a un canal de aguas lluvias dentro de la planta de tratamiento de aguas residuales Los Merinos, infraestructura que aún está en construcción y cuya inauguración está prevista para 2026.
El pronunciamiento de Alvarez fue una respuesta directa a las declaraciones del presidente Noboa, quien sostuvo que “en pleno 2025 todavía hay quienes creen que está bien que Guayaquil consuma agua con caca, detergente, aluminio, plomo y cobre”. Noboa aseguró que los análisis realizados por el Gobierno detectaron niveles de aluminio veinticinco veces superiores a los permitidos, además de presencia de plomo, zinc, manganeso, cromo, nitritos y sulfuros.
A su vez, la ministra de Ambiente, Inés Manzano, advirtió en redes sociales que la salud de los guayaquileños “está en juego” debido al consumo de agua contaminada, mencionando posibles impactos en los medios de vida como la pesca, el cangrejo y la concha.
Frente a ello, Alvarez recalcó que el sistema de agua potable de Guayaquil —que también abastece a Nobol y Samborondón— se somete a monitoreos permanentes y múltiples controles técnicos. “El agua de Guayaquil se controla TODOS los días. No tiene caca. No tiene metales. No tiene mentiras”, escribió el alcalde en X.
El debate sobre la calidad del agua no es nuevo. En junio de 2025, la Agencia de Regulación y Control del Agua (ARCA) emitió un informe sobre la calidad del líquido en Guayaquil, documento que la concesionaria Interagua calificó como un “reinforme” de los análisis realizados meses antes.
De acuerdo con la ARCA, las muestras tomadas en marzo en sectores como Samanes 7 y el suburbio oeste detectaron valores fuera de norma en cloro residual y pH, por lo que solicitó al Municipio presentar un plan correctivo. Interagua respondió que el agua cumple con todos los parámetros técnicos exigidos por la ley y que cualquier desviación puntual no implica riesgo para la salud.
La concesionaria detalló que la producción y distribución del agua en Guayaquil se realiza desde la planta La Toma, ubicada en el kilómetro 26 de la vía a Daule. Según la empresa, el sistema cuenta con 15 rutas de monitoreo que se recorren dos veces al mes, generando 95.000 ensayos anuales sobre 59 parámetros contractuales, además de 15 establecidos por la norma INEN y 16 definidos por la ARCA.
Entre los elementos medidos se incluyen cloro libre residual, coliformes fecales, coliformes totales, pH y turbidez, todos dentro de los valores permitidos por la legislación ecuatoriana y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Interagua enfatizó que, si realmente existiera contaminación, los problemas de salud serían mucho más amplios. “Si el agua estuviera contaminada, no hablaríamos de un caso en cada 7.500 personas con molestias gástricas, sino de decenas de miles de enfermos”, indicó la empresa.
El Municipio de Guayaquil y la concesionaria insistieron en que el líquido es seguro para el consumo humano y que su calidad está certificada por el INEN. En tanto, el Gobierno anunció que continuará con los estudios sobre la contaminación del río Daule para determinar si existe algún riesgo sanitario.

