Ciudad del Vaticano. — En una homilía que marcó el tono de su pontificado, el recién elegido Papa León XIV dirigió un mensaje contundente durante su primera misa celebrada este viernes 9 de mayo en la Basílica de San Pedro. En su discurso, el nuevo líder de la Iglesia Católica denunció el declive de la fe cristiana, que —según él— está siendo desplazada por una creciente adoración al “dinero” y al “poder”.
“Cuando la fe se sustituye por la ambición y el dinero, el alma se vacía”, expresó con firmeza ante miles de fieles congregados, entre ellos jefes de Estado, cardenales, y representantes de distintas confesiones religiosas.
Esta misa inaugural no solo representa un evento litúrgico significativo, sino también una declaración de intenciones sobre la dirección espiritual que León XIV desea tomar. En medio de un mundo atravesado por crisis políticas, desigualdad económica y creciente secularización, el Papa hizo un llamado urgente al reencuentro con los valores esenciales del cristianismo: la humildad, la misericordia y el amor al prójimo.
León XIV, de origen europeo y con una amplia trayectoria pastoral, fue elegido tras un cónclave que duró cuatro días. Su elección generó esperanzas de renovación, pero también de firmeza doctrinal en un contexto global que ha visto una disminución sostenida del número de practicantes católicos, especialmente en Europa y América del Norte. Según cifras del Anuario Pontificio 2024, la asistencia a misa ha caído un 14 % en la última década en esos continentes.
“La Iglesia no puede ni debe competir con los poderes del mundo. Su misión es diferente: es servir, no dominar; ofrecer sentido, no imponer poder”, afirmó León XIV.
El Papa también mencionó el riesgo de que incluso dentro de la propia institución eclesial se adopten actitudes guiadas más por intereses materiales que por el espíritu evangélico. Sin señalar directamente a personas o estructuras específicas, dejó claro que el combate contra este desvío será una prioridad en su pontificado.
A medida que el mundo observa los primeros pasos de su liderazgo, queda claro que el nuevo Papa quiere poner en el centro del debate eclesial y social la necesidad de volver a lo esencial, en una época marcada por el exceso, la polarización y la superficialidad.

