Un reciente estudio publicado en la revista Science revela que los ríos en regiones áridas y semiáridas de Estados Unidos tienen una capacidad de absorción de dióxido de carbono (CO₂) mucho mayor de la que se había estimado. Esta investigación, liderada por la biogeoquímica Taylor Maavara del Instituto Cary de Investigación de los Ecosistemas, sugiere que las zonas fluviales del oeste del país, tradicionalmente menos estudiadas, juegan un papel clave en la regulación del carbono atmosférico.
Durante décadas, la ciencia se centró en los ecosistemas fluviales de bosques templados, ignorando los ríos ubicados en desiertos y matorrales. Sin embargo, el nuevo análisis —basado en datos masivos procesados mediante inteligencia artificial (IA)— ha cambiado esa perspectiva. Según el informe, aproximadamente el 25 % de los tramos fluviales del oeste de EE. UU. absorbe más carbono del que emite, en comparación con apenas el 11 % en las zonas boscosas del este.
Un modelo impulsado por IA para comprender el metabolismo hídrico
El equipo científico utilizó información del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) para entrenar un modelo de aprendizaje automático que analiza factores como la luz solar, la temperatura del agua, los nutrientes y la materia orgánica presentes en los ríos. Este modelo permitió estimar las tasas de fotosíntesis y respiración en zonas donde antes no se disponía de datos.
Maavara explica que el estudio representa el análisis más completo del metabolismo fluvial realizado hasta la fecha. Este concepto describe el equilibrio entre la cantidad de CO₂ que los ríos absorben mediante la fotosíntesis y la que emiten a través de la respiración de plantas, animales y microorganismos.
Los resultados muestran que los ríos de zonas áridas tienden a absorber más dióxido de carbono debido a la mayor exposición solar y la menor cantidad de materia orgánica que se descompone en el agua. En contraste, los ríos en regiones boscosas, con abundante vegetación, suelen liberar más CO₂.
El cambio climático y su influencia
Según Maavara, el cambio climático podría estar reforzando esta tendencia. “Con temperaturas más altas y menos lluvias, los ríos del oeste fluyen más lentamente, lo que permite una mayor penetración de la luz solar y una mayor fotosíntesis. Esto convierte a los ríos en sumideros de carbono más eficientes”, señaló.
Aun así, advierte que este equilibrio es frágil. Si las fuentes hídricas llegan a secarse completamente, los ríos podrían transformarse en emisores netos de CO₂, agravando la crisis climática.
Aunque los ríos estadounidenses aún emiten más carbono del que capturan, el estudio apunta a que el déficit global es mucho menor de lo que se creía. Dado que cerca del 65 % de la superficie terrestre es árida o semiárida, los científicos sostienen que esta tendencia podría extenderse a escala global, ofreciendo una nueva perspectiva sobre el papel de los ecosistemas fluviales en la mitigación del cambio climático.
“Este estudio nos acerca varios pasos a reducir la gran brecha en la comprensión del ciclo del carbono, lo que a su vez nos ayudará a gestionar y mitigar el CO₂ en la atmósfera”, concluyó Maavara.

