La historia de “La Mucama” de Lima
Hace un mes falleció Juan Carlos De Lima, destacado delantero uruguayo que brilló con Deportivo Quito en la Copa Libertadores de 1986, donde fue goleador absoluto. Dos años más tarde, conquistó el máximo trofeo continental con Nacional de Montevideo, en un equipo recordado por su entrega y humildad.
Sin dinero y con sueldos atrasados, aquel grupo de jugadores viajó a Tokio para disputar la Copa Intercontinental ante el poderoso PSV Eindhoven. Recibieron apenas 1.500 dólares antes del viaje: mil quedaron para sus familias y quinientos fueron usados para comprar regalos. En la final, Nacional empató en el último minuto con gol de Ostolaza y ganó por penales. De Lima, silencioso y disciplinado, convirtió el suyo.
Años después, en Peñarol, fue protagonista de una anécdota que lo inmortalizó con uno de los apodos más ingeniosos del fútbol: La Mucama. El motivo: siempre marcaba el cuarto gol en las goleadas de su equipo. Desde entonces, el sobrenombre quedó grabado en la memoria de los hinchas.
Los apodos que marcaron época
El ingenio latinoamericano ha dado lugar a una interminable galería de motes únicos. Desde el Fideo Di María, apodado así por su delgada figura, hasta La Wanora Romero, un zurdo cordobés de los años 60 que “tejía” jugadas como si usara una máquina de coser.
Algunos sobrenombres adoptaron nombres femeninos, como La Pepona Reinaldi, La Chocha Casares o La Vieja Reinoso. Otros destacaron por su ternura o comicidad: Vitamina Sánchez, Mostaza Merlo, Cucurucho Santamaría, El Ropero Díaz, El Ratón Ayala o El Gato Andrada, el arquero al que Pelé le marcó su gol número 1.000.
También hubo apodos descriptivos según las características físicas o de juego: El Lobo Fischer, El Caballo Killer, La Araña Amuchástegui, El Hormiga Alzamendi o El Galgo Dezzotti. En cada caso, el apodo servía para contar algo más que un nombre: era una identidad.
Creatividad sin fronteras
En toda la región abundan ejemplos: El Zorro Bareiro en Paraguay, El Sapo Livingstone en Chile, La Culebra Carrillo en Perú, El Pulpo Colmenares en Venezuela o El Pájaro Juárez en Colombia. Uruguay, país de futbolistas ingeniosos, aportó joyas como Manteca Martínez, José Miseria García o Héctor Ciengramos Rodríguez.
Algunos casos resultan insólitos: el colombiano Efmamjjasond González, cuyo nombre combina las iniciales de los doce meses del año, fue rebautizado como El Almanaque González. Otro ejemplo brillante es el uruguayo Carlos Núñez, apodado Discoteca por su afición nocturna, mientras su hermano Facundo recibió el alias Matiné.
El humor en los márgenes del fútbol
No solo los cracks recibieron motes. También utileros, defensores duros y hasta personajes del entorno futbolero fueron rebautizados con humor. Como Cariñosito Martínez, un defensor paraguayo conocido por su dureza, o El Odontólogo Nazareno, zaguero ecuatoriano célebre por dejar rivales sin dientes.
Incluso un utilero de Racing, dado por muerto y resucitado en la morgue, fue apodado Sombra por su enorme físico y piel oscura. Nadie recordaba su nombre real.

