El próximo domingo 19 de octubre, Venezuela marcará un hito religioso: José Gregorio Hernández será canonizado en Roma, convirtiéndose oficialmente en el primer santo venezolano. Este reconocimiento llega tras un prolongado proceso de 76 años, iniciado en 1949 cuando las autoridades eclesiásticas solicitaron su beatificación.
La canonización fue aprobada por el papa Francisco durante su hospitalización en febrero de este año, antes de fallecer en abril. La ceremonia se llevará a cabo en la Plaza de San Pedro y contará con la presencia de representantes de toda América Latina, celebrando la vida y legado del médico nacido en Isnotú, estado Trujillo.
La fama de José Gregorio Hernández trascendió fronteras, llegando a Colombia y Ecuador, donde su figura es venerada por miles de fieles. Sin embargo, el camino hacia la canonización no fue sencillo. El proceso enfrentó retrasos significativos, debido a interpretaciones distorsionadas de su imagen y a asociaciones con prácticas populares que no reflejaban su verdadera labor humanitaria.
El Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry, miembro de la Academia de Medicina de Venezuela, señaló en 2020 que: “En parte del pueblo hay una visión distorsionada de su figura, que se ha asociado con rituales de santería y ha sido aprovechada por algunos charlatanes, lo que hizo demorarse la beatificación”.
Un caso determinante para el avance de su canonización fue el de Yaxuri Solórzano, una niña que recibió un disparo en la cabeza durante un asalto en 2017. Los médicos pronosticaban secuelas permanentes, pero la menor se recuperó rápidamente. Su madre atribuyó la recuperación a las oraciones al Hermano Gregorio, y la Iglesia consideró este milagro un paso clave hacia la beatificación, que finalmente se realizó en abril de 2021 en Caracas, con restricciones por la pandemia de Covid-19.
José Gregorio Hernández, nacido en 1864, se destacó académicamente desde joven. Tras estudiar medicina en la Universidad Central de Venezuela, regresó a su pueblo natal para brindar atención gratuita a personas de bajos recursos. Su formación se completó con una beca en París, que le permitió traer innovaciones científicas a Venezuela, incluyendo avances en bacteriología y la introducción del microscopio en la práctica médica nacional.
Hernández también intentó ordenarse como sacerdote durante su estancia en Italia entre 1908 y 1913, pero una enfermedad respiratoria lo obligó a regresar a Caracas. Falleció en 1918 tras ser atropellado en el centro de la capital, y sus restos descansan actualmente en la Iglesia de La Candelaria, lugar de peregrinación para numerosos fieles que esperan su canonización con devoción.
La canonización de José Gregorio Hernández representa no solo un homenaje a su vocación médica y religiosa, sino también un referente de fe y solidaridad para Venezuela y América Latina.

