Guayaquil enfrenta un nuevo capítulo de violencia urbana tras el atentado con un coche bomba en el norte de la ciudad, que dejó un fallecido y más de veinte heridos. La explosión ocurrió en una de las zonas comerciales más concurridas, incluyendo Mall del Sol, hoteles y edificios de oficinas, un hecho que rompe con los patrones habituales de ataques en áreas periféricas o barrios con alta criminalidad.
Según las autoridades, este ataque estaría relacionado con el grupo de delincuencia organizada Los Lobos, como represalia por las operaciones contra la minería ilegal en Buenos Aires, Imbabura. “La línea investigativa apunta al grupo Los Lobos, quienes serían los autores en represalia por la destrucción de la minería ilegal”, declaró el ministro del Interior, John Reimberg.
Este episodio refleja un cambio en la estrategia de los grupos delictivos, que hasta ahora habían centrado sus ataques en locales comerciales periféricos o centros carcelarios, como los incidentes registrados en marzo y septiembre de este año en la vía a Daule. El atentado del 14 de octubre en Ciudad del Sol evidencia la expansión del terrorismo urbano hacia zonas tradicionalmente consideradas seguras.
Expertos en seguridad destacan que la población civil se convierte en la principal víctima de un “sistema perverso” impulsado por la delincuencia organizada. El catedrático Kléber Carrión señaló que estos hechos no solo generan terror, sino que afectan la inversión y la confianza ciudadana en las zonas afectadas: “Se da un mensaje de terror de que la sociedad y el Estado deben someterse ante estos grupos delincuenciales”.
Para Freddy Viera, especialista en seguridad, los ataques son actos “planificados” que buscan desestabilizar la ciudad y generar pánico. Viera enfatizó la necesidad de replantear la estrategia de seguridad, realizando un nuevo mapeo de la ciudad y fortaleciendo la vigilancia en zonas que antes se consideraban seguras.
La complejidad de los explosivos utilizados indica la participación de personas expertas en la manipulación de este tipo de materiales. “Se requiere mejorar la inteligencia, no copiar modelos extranjeros, y aprender de experiencias de países vecinos como Colombia o México”, agregó Viera, sugiriendo la creación de una mesa de crisis con expertos en manejo de terrorismo urbano.
Por su parte, Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia del Ejército, enfatizó la necesidad de coordinación entre el Municipio de Guayaquil y la Fuerza Pública. Recomendó realizar un diagnóstico situacional de toda la ciudad y elaborar un plan de seguridad centrado en la prevención del terrorismo urbano, identificando áreas vulnerables y aplicando medidas específicas de protección ciudadana.
Pazmiño recordó que este tipo de incidentes no son aislados. Las explosiones previas en la Bahía de Guayaquil y cerca de complejos carcelarios demuestran que el país ya superó la línea en materia de violencia urbana. “Es necesario implementar acciones concretas para proteger la seguridad de los ciudadanos, especialmente en zonas de alta concurrencia”, concluyó.
El atentado del 14 de octubre marca un antes y un después en la seguridad urbana de Guayaquil, evidenciando la urgencia de políticas más efectivas frente a grupos criminales tecnificados y sus métodos de intimidación masiva.

