El correísmo se ausentó en la posesión de Daniel Noboa: baja participación de la Revolución Ciudadana en acto solemne

POLÍTICA

La toma de posesión del presidente Daniel Noboa Azín estuvo marcada por una notoria ausencia: los asambleístas de la Revolución Ciudadana (RC), el movimiento político ligado al correísmo, no participaron en la sesión solemne que oficializó el inicio del nuevo mandato presidencial. Pese a que el salón estuvo lleno, los 66 legisladores de esta bancada —de un total de 151 que conforman la Asamblea Nacional— optaron por no asistir al evento.

La ceremonia comenzó con un retraso de aproximadamente 30 minutos, aunque los primeros invitados comenzaron a llegar desde las 08:30 de la mañana. La seguridad fue rigurosa, con tres anillos de control implementados por la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas para garantizar el orden durante la sesión.

Además del ausentismo de la Revolución Ciudadana, la participación de otros grupos políticos fue también limitada. Por ejemplo, del movimiento indígena Pachakutik solo se presentaron siete de sus nueve asambleístas, mientras que del Partido Social Cristiano (PSC) solo acudió el legislador Alfredo Serrano.

Durante el acto, el discurso de Daniel Noboa Azín fue recibido con 34 aplausos, reflejando el apoyo de algunos sectores, aunque la falta de representación de la bancada correísta fue un símbolo evidente de distancia política. La ausencia del correísmo en un evento tan emblemático como la posesión presidencial pone en evidencia las profundas divisiones en el escenario político nacional y la tensión existente entre este movimiento y el nuevo gobierno.

Este contexto político plantea interrogantes sobre la dinámica futura entre el Ejecutivo y la Asamblea Nacional, especialmente considerando que la Revolución Ciudadana representa un bloque significativo en el Parlamento y podría influir en la gobernabilidad y en la aprobación de proyectos clave durante los próximos cuatro años.

La sesión, además de simbolizar el inicio del mandato de Daniel Noboa, sirvió para evidenciar la fragmentación y polarización que caracteriza la política ecuatoriana en la actualidad, con partidos y movimientos que, en muchos casos, prefieren mantener distancia o posiciones críticas frente al Ejecutivo.

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