Centro de Guayaquil revela su otra cara nocturna entre informalidad, basura y supervivencia en las calles

ENTRETENIMIENTO

El centro de Guayaquil cambia de rostro cuando cae la noche. Entre la actividad comercial que resiste y el silencio que avanza, emergen realidades marcadas por la informalidad, la precariedad y la supervivencia en el espacio público.

El recorrido inicia en sectores concurridos como Rumichaca y Clemente Ballén, donde aún se percibe movimiento: vendedores ambulantes ofrecen productos a bajo costo mientras familias transitan con niños y el transporte público continúa operando con relativa normalidad.

Sin embargo, a pocos metros el panorama se transforma. Calles como Junín lucen más oscuras y silenciosas, con negocios cerrados y personas en situación de calle ocupando aceras y espacios públicos. Algunos cargan fundas con pertenencias, otros permanecen sentados o recostados en portales.

En zonas cercanas a la iglesia Iglesia de San Agustín, pequeños grupos se reúnen para conversar, mientras en avenidas principales como Machala la iluminación de farmacias y locales comerciales brinda cierta visibilidad a los peatones que esperan transporte.

A medida que avanza la noche, también aumenta la acumulación de basura en esquinas y parques como el Parque Centenario. Fundas rotas, desechos dispersos y personas buscando materiales reciclables reflejan una problemática persistente en el corazón urbano.

La dinámica nocturna incluye además otras actividades informales: cuidadores de vehículos, vendedores de comida rápida y trabajadores que aprovechan las últimas horas del día. En paralelo, aparecen escenarios más complejos, como la presencia de trabajadoras sexuales y personas que improvisan espacios para dormir en las veredas.

Aunque algunos puntos mantienen vigilancia policial y circulación ocasional, el ambiente se vuelve progresivamente más denso y silencioso. Para muchos, la calle deja de ser un lugar de paso y se convierte en su único refugio.

El centro de la ciudad no se apaga completamente. Mientras unos cierran sus negocios, otros comienzan una nueva jornada marcada por la necesidad, dejando al descubierto una realidad social que persiste en medio del movimiento urbano. (I)

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