El acuerdo de comercio recíproco firmado entre Ecuador y Estados Unidos representa, más que un documento aislado, una señal de apertura y compromiso que podría mejorar la inserción comercial del país, atraer inversión y preparar el camino para futuros avances en competitividad y comercio exterior.
Así lo sostuvo Alejandro Martínez, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Productores y Exportadores de Flores del Ecuador (Expoflores), quien señaló que este entendimiento debe analizarse más allá de su contenido inmediato y como parte de un proceso de diálogo con una de las economías más importantes del mundo.
Martínez explicó que el acuerdo no implica reformas legales profundas ni cambios normativos estructurales, sino compromisos y gestiones que ambos gobiernos pueden ejecutar de manera administrativa. En ese contexto, sostuvo que Ecuador arrastra debilidades en materia comercial, especialmente por la aplicación de medidas pararancelarias y por una trayectoria irregular en el cumplimiento de compromisos internacionales.
A su criterio, lo relevante del entendimiento no está únicamente en evaluar la calidad del acuerdo, sino en entenderlo como un primer paso para restablecer un diálogo constructivo con Estados Unidos, principal mercado de consumo a escala global.
El dirigente gremial también analizó la agenda comercial estadounidense y señaló que está marcada por el interés de fortalecer la producción nacional y corregir desequilibrios detectados en acuerdos firmados hace décadas. En ese escenario, consideró que Ecuador está cediendo en aspectos que no necesariamente resultan negativos, como ciertas restricciones que han limitado la competitividad interna.
Según Martínez, durante años parte de la industria nacional se acostumbró a esquemas de protección que no incentivaron mejoras en productividad ni en capacidad de competir. Por ello, afirmó que el problema de fondo no es el riesgo de quiebra de algunos sectores, sino la falta de competitividad acumulada por décadas.
En ese sentido, recordó que buena parte de la apertura planteada por Estados Unidos se aplicará de forma gradual, en varios casos durante un periodo de cuatro años, lo que daría margen para que los sectores locales se ajusten.
Sobre los beneficios para Ecuador, sostuvo que el país obtiene una especie de garantía frente a futuras decisiones ejecutivas de la Administración de Donald Trump en materia comercial. Según explicó, en un contexto en el que el Congreso estadounidense no ha impulsado grandes debates sobre nuevos acuerdos comerciales, las decisiones administrativas marcarán la pauta de la política comercial en los próximos años.
Por ello, indicó que el acuerdo coloca a Ecuador en una posición favorable, al protegerlo de posibles medidas que puedan afectar a otros mercados y al mismo tiempo enviar una señal de cumplimiento y corrección de trabas comerciales.
Martínez consideró que este proceso no debe detenerse en el acuerdo actual, sino servir como base para un siguiente paso en la relación bilateral. Después de dos décadas sin un diálogo comercial sólido, señaló, este entendimiento abre espacio para seguir ampliando mecanismos recíprocos y fortalecer la relación con Estados Unidos.
En el caso del sector florícola, destacó que las flores ecuatorianas fueron incluidas en una categoría excepcional, algo que calificó como positivo para el gremio. Añadió que este resultado también fue posible por el respaldo de productores estadounidenses, que reconocieron la complementariedad de la oferta ecuatoriana.
Incluso sostuvo que Ecuador podría alcanzar una mejor posición frente a Colombia en el mercado estadounidense, ya que mientras ese país mantendría arancel cero por su acuerdo comercial, sí podría verse afectado por sobretasas, a diferencia del producto ecuatoriano bajo este nuevo esquema.
No obstante, advirtió que el crecimiento del sector no será inmediato ni acelerado, sino cauteloso, debido a los cambios constantes en el entorno político y comercial regional, incluido el escenario electoral colombiano y su futura relación con Washington.
Respecto a los sectores que se consideran afectados, Martínez planteó que la respuesta debe centrarse en identificar y corregir los factores que reducen la competitividad. En esa línea, sostuvo que el Gobierno debe aprovechar este momento para no solo corregir problemas comerciales, sino también fallas estructurales internas que Ecuador arrastra desde hace décadas.
A su juicio, el acuerdo debe entenderse como una oportunidad para que importadores, exportadores, sector público e industrias nacionales asuman la presión de modernizarse y resolver problemas históricos que han impedido mejorar la competitividad del país.
Finalmente, insistió en que el entendimiento con Estados Unidos no es un tratado comercial tradicional, sino una señal de corto y mediano plazo que demuestra la disposición de Ecuador para cumplir compromisos y corregir obstáculos que debieron haberse resuelto hace años. En su opinión, la llamada “pseudoprotección” a ciertas industrias terminó desviando la política pública de lo esencial: construir sectores realmente competitivos, capaces de generar empleo, pagar impuestos y sostenerse en mercados abiertos.

