En menos de tres días, el mercado Central de Guayaquil vivió dos incidentes que generaron preocupación entre comerciantes y usuarios. El más reciente ocurrió la noche del miércoles 22 de octubre, cuando un incendio se originó en un puesto de inciensos, ubicado en la intersección de las calles 6 de Marzo y 10 de Agosto. Las causas aún están bajo investigación.
Un comerciante que se encontraba cerca del lugar intentó controlar el fuego inicialmente, trepándose por una reja para alertar a los guardias del mercado, quienes facilitaron el acceso para usar extintores. Sin embargo, la magnitud de las llamas requirió la intervención de seis unidades de bomberos, un camión escalera, un vehículo de recarga de equipos de respiración autónoma y una ambulancia, logrando controlar la emergencia minutos después.
Al día siguiente, la actividad en el mercado, considerado patrimonio cultural de Guayaquil, se normalizó rápidamente. La limpieza permitió la reanudación de la venta de frutas, legumbres, confitería, velas e inciensos. El local afectado quedó vacío, mientras que en los puestos vecinos se evaluaron productos que podrían haberse visto comprometidos.
Previo a este incendio, el lunes 20 de octubre se reportó una alerta de bomba fuera del mercado. Una maleta abandonada provocó la evacuación de usuarios, pero finalmente se determinó que solo contenía ropa. Ambos incidentes despertaron la preocupación de los comerciantes, quienes consideran necesario revisar los protocolos de seguridad y emergencia.
Preparación y medidas de seguridad
Algunos comerciantes destacaron que el mercado cuenta con aspersores en zonas altas, extintores en cada puesto y áreas comunes, y reciben capacitaciones periódicas del Cuerpo de Bomberos para actuar ante emergencias. Sin embargo, el incendio del miércoles se produjo al final de la jornada laboral, por lo que presumen que alguna vela o colilla de cigarrillo pudo haber iniciado las llamas. Esto motivó sugerencias para reforzar inspecciones al cierre del mercado y garantizar que todos los comerciantes cumplan con medidas preventivas.
Julia, vendedora de inciensos con 20 años en el mercado, lamentó los daños sufridos en varios productos. “Fue una desgracia con suerte”, dijo, mientras otros comerciantes coincidieron en la necesidad de refrescar los protocolos y las capacitaciones para responder adecuadamente a incidentes como incendios, amenazas de bomba o eventos delictivos.
Además, se ha instalado sistemas de alarmas comunitarias y botones de pánico por sector, que permiten alertar ante emergencias de seguridad como robos. No obstante, comerciantes consideran que debería haber una mayor presencia policial y de agentes de control metropolitano para prevenir incidentes y patrullar los accesos del mercado.
El mercado Central registra alta afluencia diaria, con más de 600 comerciantes en 330 puestos, ofreciendo productos que van desde comida típica hasta artículos de hogar. La serie de incidentes recientes refuerza la necesidad de mantener medidas de prevención y mejorar la coordinación entre autoridades y comerciantes, con el fin de proteger tanto a la comunidad como a la infraestructura patrimonial del centro de abastos.

