Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha demostrado un renovado interés por Sudamérica, una región que durante gran parte del siglo XXI había quedado al margen de la agenda estadounidense. Analistas destacan que, a diferencia de su primer mandato entre 2017 y 2021, el expresidente ahora busca consolidar la influencia de EE.UU. en el sur del continente mediante una combinación de política económica, militar y diplomática.
Entre las medidas más destacadas está el despliegue militar en el sur del Caribe y los ataques contra embarcaciones frente a las costas de Venezuela y Colombia, acusadas de transportar drogas. Aunque Trump no ha presentado pruebas públicas de estas acusaciones, al menos 57 personas han muerto desde septiembre en operaciones que algunos expertos califican de controvertidas y con motivaciones políticas adicionales.
En el terreno económico, Trump abrió un pulso con Brasil al imponer aranceles del 50% a productos del gigante sudamericano, en un intento por proteger a su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro, de posibles acciones legales. Asimismo, su gobierno otorgó un auxilio financiero sin precedentes de 20.000 millones de dólares a Argentina, beneficiando al gobierno de Javier Milei antes de las recientes elecciones legislativas. “Nos estamos centrando mucho en Sudamérica y estamos consiguiendo un fuerte control en muchos sentidos”, afirmó Trump tras felicitar a Milei por su victoria.
Expertos consideran que estas acciones responden a una estrategia de alineación política regional, combinando castigos y ayudas para fortalecer la posición de Estados Unidos. La investigadora Monica de Bolle, del Instituto Peterson de Economía Internacional, asegura que Sudamérica vuelve a ser una región clave para EE.UU. como no lo había sido en años.
Otro objetivo evidente es limitar la influencia de China, que ha ampliado sus lazos comerciales y estratégicos en la región hasta convertirse en su principal socio. Trump dejó claro que cualquier intercambio militar o estratégico con China, como los relacionados con bases en la Patagonia o líneas de intercambio de moneda, sería inaceptable para EE.UU.
La estrategia de Trump también tiene un componente ideológico. Ha manifestado interés por gobiernos afines a su movimiento “Make America Great Again” y ha mostrado preferencia por líderes ultraliberales y conservadores como Milei. Por otra parte, su política antinarcóticos ha implicado sanciones al presidente colombiano Gustavo Petro y ha tensionado la histórica cooperación con Bogotá.
Aunque algunos observadores comparan estas acciones con una reinterpretación moderna de la doctrina Monroe, expertos como Alan McPherson señalan que la motivación central de Trump es la facilidad de proyectar poder en la región, considerando que América Latina carece de la capacidad de respuesta de China o Rusia. En síntesis, la administración Trump busca fortalecer la presencia estadounidense en Sudamérica mediante una mezcla de influencia política, apoyo económico selectivo y despliegue militar, mientras enfrenta la creciente presencia china en el continente.

