Tradición viva en Guayaquil: precios, sabores y auge de las guaguas de pan y colada morada en 2025

GUAYAQUIL

En Guayaquil, la llegada de noviembre se anticipa con aromas dulces y el color intenso de la colada morada, bebida ancestral que se sirve junto a las clásicas guaguas de pan. En panaderías, cafeterías y negocios barriales, la producción se ha multiplicado, confirmando que esta tradición —originaria de la Sierra ecuatoriana— ha sido adoptada con entusiasmo por los guayaquileños.

Desde el norte hasta el centro de la ciudad, los escaparates se llenan de panes coloridos con forma de muñeco, glaseados brillantes y rellenos que van desde el tradicional manjar hasta sabores más innovadores como pistacho o avellana. A su lado, el característico aroma de la colada morada —una mezcla de frutas, maíz morado, hierbas aromáticas, clavo y canela— inunda el ambiente.

“Es una tradición que no se puede dejar pasar”, afirma Valeria Alvarado, quien disfrutaba una guagua rellena de manjar acompañada de un vaso de colada morada recién servida. Como ella, cientos de familias aprovechan los fines de semana para compartir este símbolo de identidad y memoria colectiva.

En la pastelería Erick, ubicada en la calle Luis Plaza Dañín, el movimiento no cesa. Sus vitrinas exhiben guaguas de distintos sabores: chocolate ($2,25), manjar ($2), guayaba o crema pastelera ($2). La colada morada también tiene varias presentaciones: vaso ($1,50), tarrina de un litro ($7,25) y lonchera para llevar ($8,60).

Carlos Gámez, encargado de producción, asegura que este año la demanda ha sido mayor que en 2024:

“Nos ha ido muy bien. La gente responde con entusiasmo. En nuestros tres locales preparamos más de 500 vasos de colada morada cada día desde inicios de octubre.”

Además, la panadería ha incorporado una propuesta inspirada en las tradiciones mexicanas: el pan de muerto, un dulce esponjoso relleno de nata montada, que se ofrece desde $2. “Queremos innovar, pero sin perder nuestras raíces”, puntualiza Gámez, quien anticipa que las ventas se mantendrán hasta la segunda semana de noviembre.

A pocas cuadras, la panadería Sabor Ambateño también vive días intensos. Su administradora, Pilar Guzmán, explica que este año apostaron por diversificar los sabores para complacer todos los gustos. Las guaguas se ofrecen desde $1,50, y la colada morada cuesta $1,50 (vaso pequeño), $2,50 (mediano) y $5 (tarrina de un litro).

“La más vendida ha sido la de pistacho y avellana”, comenta Guzmán mientras atiende a decenas de familias que llenan el local.

Durante las tardes, los establecimientos se convierten en puntos de encuentro familiar: niños, jóvenes y adultos comparten alrededor de las mesas, disfrutando de una bebida caliente y espesa, acompañada de los panes decorados con vivos colores. Algunos prefieren consumirlos en el lugar, mientras otros los llevan a casa para compartir en familia.

Tanto en Erick como en Sabor Ambateño, los encargados coinciden en que la acogida de 2025 ha superado ampliamente la del año pasado, y confían en mantener el impulso hasta mediados de noviembre. Más allá de las cifras, la tradición consolida su papel como un puente cultural entre la Sierra y la Costa, recordando que las costumbres que nacen en el Ecuador profundo pueden florecer también en las grandes ciudades.

El secreto de esta herencia gastronómica está en su preparación: la colada morada se elabora con harina de maíz negro, piña, babaco, naranjilla, mora, guayaba y especias como el clavo de olor, la canela y la hierba luisa. Las guaguas, por su parte, son panes dulces decorados con glaseado y rellenos de manjar, crema pastelera, frutas o chocolate, uniendo generaciones alrededor de la misma mesa.

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