Una nueva tensión se hizo visible dentro del movimiento político Revolución Ciudadana (RC). Esta vez, el intercambio se dio entre la prefecta del Guayas, Marcela Aguiñaga, y el líder del movimiento, el expresidente Rafael Correa, luego de que Aguiñaga se autodenominara como la “oveja negra” dentro de la organización.
En respuesta a este comentario, Correa utilizó su cuenta oficial en X (antes Twitter) para referirse irónicamente a la alusión:
“En RC hay ovejas negras, blancas y de todos los colores. Todas son bienvenidas. Ya conocemos el libreto”.
El mensaje del exmandatario deja entrever que, si bien hay espacio para la disidencia dentro del movimiento, también hay cierta experiencia acumulada respecto a críticas internas que surgen periódicamente.
Disenso político en la Revolución Ciudadana
Marcela Aguiñaga, una figura clave en la estructura del correísmo desde sus primeros años, ha mostrado públicamente posturas divergentes con algunas decisiones y líneas actuales del movimiento. Su comentario de “oveja negra” fue interpretado como un intento de marcar una diferencia dentro del núcleo duro del RC.
Aunque no ha roto con la organización, Aguiñaga ha abogado por un espacio más crítico y menos vertical, especialmente en torno a cómo se manejan decisiones políticas internas y estrategias partidarias en el contexto actual.
Correa minimiza la polémica y llama a la unidad
Con su habitual estilo directo, Correa optó por suavizar el conflicto al remarcar que todos los perfiles tienen cabida en la Revolución Ciudadana. Su frase “ya conocemos el libreto” también sugiere que este tipo de episodios no son nuevos, y que en el pasado ya se han producido disensiones similares, que han terminado en rupturas o reconciliaciones políticas.
El trasfondo de este intercambio se da en un momento clave, cuando el correísmo busca fortalecer su estructura de cara a próximos procesos electorales, mientras enfrenta cuestionamientos tanto desde la oposición como desde dentro de sus propias filas.
¿Una grieta o una estrategia?
Analistas políticos consideran que esta clase de tensiones pueden ser parte de una estrategia para reposicionar figuras dentro del movimiento o abrir nuevos espacios de liderazgo. Aguiñaga, con amplia experiencia y proyección nacional, podría estar buscando marcar un perfil más autónomo.
Mientras tanto, Correa mantiene su rol como líder simbólico, desde Bélgica, influyendo directamente en la narrativa política del país.
