Radiación solar degrada ropa sintética oscura y libera miles de microplásticos al mar

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La exposición al sol no solo decolora la ropa: también la convierte en una fuente de microplásticos que contaminan los océanos. Un reciente estudio liderado por científicos de la Chinese Research Academy of Environmental Sciences y la Universidad de Ciencias de la Información de Nanjing revela que la radiación ultravioleta degrada las telas sintéticas, especialmente las de colores oscuros, liberando miles de fibras invisibles que terminan en el mar.

El estudio destaca que los colores oscuros aceleran la fragmentación del poliéster. Por ejemplo, una camiseta púrpura expuesta al sol durante menos de dos semanas liberó más de 47.000 microfibras, una cantidad equivalente a la degradación que ocurriría tras un año en aguas costeras. La radiación UV rompe los enlaces químicos del plástico, debilitando su estructura. En contacto con oxígeno marino, estas fibras se vuelven quebradizas y generan sustancias ácidas y grupos carbonilos, que contribuyen a su rápida descomposición.

Además del sol, factores como la sal marina y el oleaje intensifican este proceso. Los tintes utilizados también influyen: los compuestos de azo y nitro, comunes en telas púrpuras y verdes, absorben más luz UV y generan radicales libres que aceleran la degradación. En contraste, los colores claros, como amarillo o azul, reflejan parte de la radiación y muestran mayor resistencia.

La mayoría de la ropa que usamos está hecha con fibras sintéticas, como poliéster, derivado del petróleo. Según Cero Residuo, estas fibras representan 68,2% de la producción textil mundial y suelen contener entre 10% y 70% de plastificantes como ftalatos y bisfenoles, además de aditivos como retardantes de llama, colorantes y recubrimientos impermeables, muchos con potencial tóxico.

Las prendas secadas al sol, tanto en balcones urbanos como en playas, liberan fragmentos invisibles que terminan en ríos, lagos y océanos. Como enfatizan los investigadores, “el mar recoge lo que la ropa suelta”. Cada lavada de ropa sintética, especialmente en secadoras, provoca la liberación de microfibras que los sistemas de filtrado convencionales no pueden retener, incorporándose finalmente a la cadena alimentaria.

Este hallazgo subraya que la huella ambiental de nuestros hábitos cotidianos es más profunda de lo que imaginamos. No se trata solo del plástico de un solo uso: cada prenda sintética sigue contaminando mucho después de que dejamos de usarla.

En conclusión, la combinación de sol, sal y tejidos sintéticos de colores oscuros genera un impacto ambiental significativo, reforzando la necesidad de conciencia sobre el cuidado textil y la contaminación marina.

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