El príncipe Andrés de York y su exesposa, Sarah Ferguson, viven sus últimos días en Royal Lodge, la residencia de 30 habitaciones ubicada en los terrenos del Castillo de Windsor. La decisión de desalojarlos, anunciada por el Palacio de Buckingham, obedece a la orden del rey Carlos III, tras retirar al exduque todos sus títulos, honores y tratamientos reales debido a sus vínculos con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, condenado por delitos de abuso y tráfico sexual.
Según informes de The Sun y Daily Mail, Andrés, de 65 años, ha pasado gran parte de su tiempo en la mansión recluido, mientras Ferguson, de 66, se ha refugiado en un bar privado llamado The Doghouse, situado detrás de la residencia, donde mantiene reuniones con amigos y el personal de servicio. Fuentes cercanas aseguran que la pareja apenas se cruza dentro de la casa y solo coincide durante las comidas. Ferguson se muestra preocupada por su futuro y el de sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, y no tiene intención de compartir vivienda nuevamente con su exesposo.
El Palacio confirmó que Andrés se mudará a una propiedad más pequeña dentro de la finca real de Sandringham, aunque aún no se han divulgado detalles sobre el proceso de traslado. Mientras tanto, la princesa Beatriz, de 37 años, fue nombrada subpatrona de The Outward Bound Trust, una organización que promueve la educación al aire libre, en un esfuerzo del rey Carlos III por garantizar el estatus institucional de sus sobrinas, quienes conservan sus títulos de Altezas Reales.
El despojo de títulos del príncipe Andrés se formalizó mediante Patentes Reales publicadas en The Gazette, el registro oficial del Reino Unido. Asimismo, renunció a su posición como Caballero Gran Cruz de la Real Orden Victoriana, consolidando su retiro de funciones y honores oficiales.
La relevancia del caso volvió a aumentar con la publicación póstuma del libro Nobody’s Girl, de Virginia Giuffre, quien acusó a Epstein, Ghislaine Maxwell y al propio Andrés de abuso sexual. Aunque el príncipe negó las acusaciones, en 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial por varios millones de dólares.
Después de más de 20 años en Royal Lodge, el exduque enfrenta una de las etapas más difíciles de su vida pública, caracterizada por el aislamiento y la pérdida de su estatus dentro de la familia real británica, mientras Sarah Ferguson busca mantener un camino independiente para ella y sus hijas.

