¿Por qué se llama «toma de protesta» a la investidura presidencial en México?

INTERNACIONAL

En México, el acto conocido como «toma de protesta» marca la investidura presidencial y se diferencia notablemente de ceremonias similares en otros países. En lugar de un juramento tradicional que incluya simbolismos religiosos, como evocar a Dios o utilizar una Biblia, este evento se enfoca en una declaración formal.

La ceremonia, que se lleva a cabo en el Congreso de la Ciudad de México, comienza con una promesa de cumplimiento de la ley por parte del presidente electo, en este caso Claudia Sheinbaum. Este momento se define por 61 palabras que constituyen su compromiso con la Constitución. La frase completa es: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.

Una vez que se pronuncia esta declaración, el nuevo presidente recibe la Banda Presidencial, un símbolo que representa los colores de la bandera mexicana y que es utilizado en diversas ceremonias oficiales.

Según el analista jurídico Mario Melgar, el término «toma de protesta» tiene raíces históricas que se remontan al siglo XIX, cuando México rompió sus lazos con la Iglesia. Esto llevó a que los rituales que antes incluían juramentos religiosos fueran reemplazados por una terminología más liberal, adoptando la palabra «protestar» para denotar el compromiso con el cargo.

Melgar señala que, aunque la «toma de protesta» es un acto ritual, tiene un carácter formal que refleja la estructura del poder en México. “Es un formalismo, porque el poder cambia a las 00:00 horas. Los mandos militares entregan a esa hora el control del país y la fuerza del Estado”, explica el experto, destacando la importancia del momento en el que se lleva a cabo la ceremonia.

El uso de la palabra «protestar» en este contexto puede resultar confuso, dado que en español comúnmente se asocia con la idea de expresar disconformidad o queja. Sin embargo, el término también puede significar «declarar» o «proclamar», lo que se alinea con la intención del acto presidencial. Melgar enfatiza que “semánticamente es lo mismo”, sugiriendo que protestar es sinónimo de juramento, pero carece de la connotación religiosa.

La ausencia de un juramento refleja la evolución de México como un Estado laico, sin la influencia de la Iglesia en asuntos gubernamentales. Este cambio histórico se hizo más evidente con la promulgación de la Constitución de 1857, que marcó un punto de inflexión en la relación entre el Estado y la religión.

Previo a esta transformación, la Constitución de 1824, la primera del México independiente, obligaba al presidente a realizar un juramento religioso. Este protocolo indicaba que el presidente debía decir: “Yo, ‘N’, nombrado presidente de los Estados Unidos Mexicanos, juro por Dios y los Santos Evangelios…”.

El término «toma de protesta» y su significado son un reflejo de la historia y la evolución de México como nación, marcando un claro distanciamiento de las prácticas religiosas en el ámbito político y un compromiso con un enfoque más secular en la gobernanza.

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