Los hermanos Lyle y Erik Menéndez, condenados a cadena perpetua por el asesinato de sus padres en 1989, están nuevamente en el centro de atención. Este miércoles, familiares de los Menéndez convocarán una conferencia de prensa en el Centro de Justicia Penal Clara Shortridge Foltz, en Los Ángeles, donde buscarán abogar por la liberación de los hermanos, quienes han estado en prisión durante tres décadas.
Mark Geragos, abogado de los Menéndez, anunció que esta conferencia será un acto de unidad familiar, coincidiendo con la revisión de nuevas pruebas por parte de la fiscalía del condado de Los Ángeles. “Todos los familiares han viajado desde distintas partes del país para solicitar la liberación de Lyle y Erik”, destacó Geragos.
Entre los familiares que participarán se encuentran Anamaria Baralt, sobrina del padre de los hermanos, Joan Andersen VanderMolen, hermana de su madre, y Brian A. Andersen Jr., sobrino de Kitty Menéndez. También se espera que la comediante Rosie O’Donnell, conocida defensora de los Menéndez, hable en el evento.
Los hermanos han declarado que su padre, José Menéndez, abusó sexualmente de ellos, y argumentan que temían por sus vidas al momento de cometer el asesinato en Beverly Hills. Desde su condena, Erik y Lyle han permanecido en prisión perpetua.
El caso se convirtió en un fenómeno mediático y ha resurgido con la reciente serie de Netflix «Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez», que ha revitalizado el interés en su historia. A pesar de esta atención renovada, el fiscal de distrito de Los Ángeles, George Gascón, aún no ha proporcionado un cronograma para la decisión sobre la revisión del caso.
Gascón, quien está en campaña para la reelección, anunció el 3 de octubre que la revisión se inició tras la petición de los abogados de los hermanos de anular sus condenas. Geragos aseguró que el fiscal ha abordado el asunto con seriedad, aunque todavía no se ha tomado una decisión final.
Esta revisión se centra en una carta escrita por Erik Menéndez a su primo, que según sus abogados, apoya las acusaciones de abuso sexual que hicieron contra su padre, ocurridas apenas meses antes de los asesinatos. Los hermanos han defendido que actuaron en legítima defensa y argumentan que, si el juicio se llevara a cabo hoy, podrían haber enfrentado cargos de homicidio involuntario en lugar de asesinato en primer grado.
Durante su juicio, los fiscales desestimaron las acusaciones de abuso sexual, sosteniendo que los hermanos asesinaron a sus padres por su considerable patrimonio. Los jurados optaron por no imponer la pena de muerte y, en cambio, dictaron una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

