El cirujano oncólogo Jaime Andrés Benítez Kellendonk advierte que la mayoría de los hombres en Latinoamérica están expuestos al virus del papiloma humano (VPH). “Basta una relación sexual sin preservativo para contagiarnos, y casi todos hemos tenido contacto con este virus”, afirma. Aunque existen más de 30 cepas de VPH, solo unas pocas, como las 16, 18, 31 y 45, son de alto riesgo y pueden generar lesiones que, con el tiempo, derivan en cáncer.
El contagio no requiere penetración: el virus se transmite por contacto directo de piel a piel, afectando áreas como el pene, el ano, la boca y la garganta. La progresión hacia el cáncer es lenta; primero se forman lesiones de bajo grado, que pueden convertirse en lesiones precancerosas de alto grado y, eventualmente, en cáncer, un proceso que puede tardar hasta 20 años.
Factores de riesgo en hombres:
Benítez explica que en Ecuador muchos hombres presentan la “triada perfecta” que aumenta el riesgo de cáncer de pene:
- No estar circuncidado
- Ser fumador
- Tener infección por VPH
Con estos tres factores, el cáncer de pene puede desarrollarse entre los 60 y 70 años, a menudo requiriendo cirugías complejas como la penectomía.
Prevención y vacunación:
El oncólogo recomienda la vacunación contra el VPH entre los 9 y 14 años, edad en la que solo se necesitan dos dosis. La vacuna Gardasil 9, que cubre nueve cepas, es la opción más completa. La vacunación también es beneficiosa para adultos con vida sexual activa, ya que ayuda a prevenir nuevas infecciones.
Además, la vacunación masculina es clave porque los hombres suelen ser portadores asintomáticos del virus, transmitiéndolo sin saberlo. Otros factores de riesgo incluyen iniciar la vida sexual antes de los 14 años y la promiscuidad.
Cribado y diagnóstico:
Se recomienda que los hombres comiencen evaluaciones médicas a partir de los 25 años. Las pruebas incluyen colposcopias o penescopias para detectar lesiones, y, en caso de encontrarlas, se pueden aplicar tratamientos con láser, criocirugía o cirugía según el grado de riesgo.
El cáncer relacionado con VPH suele diagnosticarse entre los 60 y 70 años, aunque la infección puede haber estado presente desde el inicio de la vida sexual. Las lesiones precancerosas suelen aparecer primero como verrugas genitales o perianales, y algunas pueden ser indetectables a simple vista, requiriendo pruebas con ácido acético o dermatoscopía.
Conclusión:
La prevención mediante vacunación temprana, la reducción de factores de riesgo como el tabaquismo, y el cribado regular en hombres y mujeres son esenciales para reducir la incidencia de cáncer asociado al VPH. La atención a la salud sexual y la consulta temprana con especialistas pueden evitar complicaciones graves y mejorar la calidad de vida.

