Mimo Cava, el rostro inolvidable de la comedia ecuatoriana, reflexiona sobre su legado y el olvido del arte nacional
Con más de cinco décadas dedicadas a la actuación, Diómedes Olmedo Vaca Camino, conocido por todos como Mimo Cava, es uno de los rostros más recordados de la televisión ecuatoriana. A sus 68 años, el actor, comediante y exparamédico de la Cruz Roja recuerda sus inicios, su vida familiar y la falta de reconocimiento hacia los artistas del país.
Su nombre artístico nació en el Teatro de Bolsillo Humoresque, cuando el empresario Francisco Falquez Betancourt decidió que “Diómedes Vaca” era demasiado largo para una marquesina. “Me dijo: ‘Te pondré Mimo, por lo que haces, y Cava, tu apellido al revés’. Desde entonces nadie olvida a Mimo Cava”, relata el actor.
De la televisión infantil a la fama nacional
Su carrera comenzó a los 10 años en el programa La escuelita cómica del maestro Lechuga. A los 17, debutó como cantante en Primeros aplausos de Canal 4 (hoy RTS) y más tarde compartió escenario con figuras como Hilda Murillo y Darwin. Aunque estudió Medicina, su destino siempre estuvo en la actuación.
Su gran salto llegó en 1989 con Mis adorables entenados, producción de Ecuavisa que lo consolidó en la televisión. Dos años después, su personaje Bolívar Contreras, “Don Bolo”, en la comedia Tal para cual, lo convirtió en un ícono popular junto a las actrices Prisca Bustamante y Azucena Mora. “Desde esa serie, Mimo Cava se fue de largo. Fue el gol de mi carrera”, recuerda.
Tras ese éxito, Canal 4 lo convocó para La feria de la alegría, donde trabajó seis años junto a Sonia Villar y Marco Vinicio Bedoya. “Era un contrato por 15 días y terminé quedándome seis años”, dice entre risas.
El rostro querido del público y el olvido institucional
Aunque la fama lo acompaña desde hace tres décadas, Mimo lamenta la falta de oportunidades y apoyo al talento nacional. “No hay producción nacional. Nadie te quiere pagar lo que tú vales”, denuncia con tono crítico.
Pese a las dificultades, agradece a SocioArte, una fundación que apoya a más de 200 artistas. “Me ayudan con mis gastos médicos. Estoy agradecido con letras grandes”, afirma.
Desde 2016 enfrenta problemas renales que lo obligaron a someterse a diálisis. Aun así, no pierde el ánimo. “Estoy haciendo exámenes, esperando que bajen los parámetros. Si no, tendré que seguir en diálisis”, explica.
Actualmente jubilado, Mimo vive de su pensión y de sus presentaciones como cantante en El Colonial, aunque una reciente recaída lo mantiene en reposo. “Me dijeron clarito que debía descansar”, comenta.
Una vida entre familia, arte y gratitud
Casado con su amor de juventud, a quien llama cariñosamente “Rosita”, Mimo es padre de cuatro hijos y abuelo de cuatro nietas. “Esas niñas me tienen loco, es como volver a vivir”, dice con emoción.
Su legado artístico se mantiene vivo en la memoria del público que aún lo saluda en las calles con frases como “Don Bolo” o “Bolón con patas”. “El público me recuerda con cariño. Eso me llena de vida”, expresa.
A pesar de su estado de salud, sigue siendo un símbolo de la televisión ecuatoriana, un hombre que ha dedicado su vida a hacer reír al país. Al salir de sus entrevistas, siempre hay alguien que lo reconoce y pide una foto. Frente a las cámaras, Mimo Cava vuelve a ser quien siempre fue: el señor de la televisión nacional.

