Un reciente estudio desarrollado por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) advierte que más del 60 % de los jóvenes de entre 18 y 25 años aprende sobre sexualidad a través de internet, redes sociales o contenido pornográfico, lo que está moldeando percepciones distorsionadas sobre las relaciones, el placer y el consentimiento.
La investigación, titulada Sexualidad y juventud: actitudes y conductas en estudiantes universitarios (2025), fue elaborada por el Centro de Psicología Aplicada (CPsA) de la PUCE y dirigida por la doctora Marie France Merlyn, psicóloga clínica y experta en género y cultura.
La pornografía como fuente de referencia
Según el estudio, seis de cada diez jóvenes construyen sus expectativas sexuales a partir del contenido pornográfico. “La pornografía se ha convertido en su principal referente, influyendo en cómo entienden la duración del acto sexual, el uso del preservativo y la vivencia del placer”, señala Merlyn.
Los investigadores advierten que los jóvenes tienden a reproducir lo que ven en estos contenidos, donde el preservativo rara vez se usa y las relaciones se muestran sin compromiso emocional. Además, se observa un aumento en conductas violentas durante los encuentros sexuales, muchas veces sin consentimiento explícito.
“Las situaciones de violencia suelen aparecer desde las primeras experiencias sexuales, lo cual es preocupante”, puntualiza Merlyn.
El uso del preservativo disminuye con la confianza
El estudio identificó un uso irregular del preservativo entre los jóvenes: 62 % en sexo vaginal, 39 % en sexo anal y apenas 15 % en sexo oral. La principal razón es la falsa creencia de que las relaciones sin protección son más placenteras o seguras con parejas estables.
“Esta práctica expone a los jóvenes a infecciones de transmisión sexual, pues el riesgo no depende de la confianza, sino de la prevención”, recalcan los investigadores.
Relaciones desiguales y riesgos de abuso
Uno de los datos más alarmantes del estudio es que el 16 % de los encuestados tuvo su primera relación sexual con una persona entre cinco y 25 años mayor. En las mujeres, el porcentaje es más alto.
“Estas diferencias de edad implican también desigualdad de poder y madurez emocional”, explica Merlyn. En algunos casos, los jóvenes reportaron haberse iniciado sexualmente entre los 6 y 14 años, lo que constituye abuso sexual.
A pesar de que muchos jóvenes desean vínculos estables, el estudio refleja relaciones frágiles, casuales y sin compromiso afectivo.
Consentimiento y desinformación
La investigación revela que la mayoría de jóvenes obtiene información sobre sexualidad fuera del entorno familiar o escolar, principalmente en redes sociales o portales de internet. Esto ha provocado una visión errónea del consentimiento, considerado como algo negociable o permanente.
“En los grupos focales, varios admitieron haber adoptado prácticas vistas en la pornografía sin preguntar a la pareja. Actos como asfixiar, dar palmadas o halar el cabello son normalizados como parte del acto sexual”, señala la especialista.
Efectos psicológicos del consumo temprano de pornografía
El estudio también advierte sobre el efecto adictivo del consumo frecuente de pornografía. “El cuerpo reacciona con una respuesta excitatoria similar a la de una droga, generando búsqueda constante de estímulos más intensos”, explica Merlyn.
Esto puede desencadenar ansiedad, depresión y pérdida del contacto con la realidad, además de un síndrome de abstinencia cuando se intenta dejar el hábito.
Educación sexual limitada en los colegios
Aunque el 88 % de los encuestados dijo haber recibido educación sexual formal, esta se centró casi exclusivamente en aspectos anatómicos, anticoncepción y enfermedades. “No se aborda el placer, las emociones ni el consentimiento”, comenta Merlyn.
El estudio también reveló que los jóvenes sobrestiman la duración del acto sexual: “Piensan que dura entre 13 y 30 minutos, cuando la media científica es de 7 a 13 minutos”, señala.
En promedio, las mujeres reportaron haber tenido cuatro parejas sexuales, mientras que los hombres siete.
Una educación integral desde la infancia
Para la doctora Merlyn, la solución pasa por una educación sexual integral, que abarque aspectos emocionales, cognitivos y de bienestar. “Debe comenzar en la infancia, en el hogar, con naturalidad y sin miedo. Somos seres sexuados desde que nacemos”, concluye.
El estudio se basó en una encuesta abierta durante seis meses, aplicada a 590 estudiantes de pregrado de la PUCE, y está disponible en la Revista Publicando.

