La selva del Darién, ubicada en la frontera entre Colombia y Panamá, ha sido una de las rutas más peligrosas para los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. Este año, alrededor de 286.000 migrantes han atravesado esta inhóspita zona, y de ellos, unos 61.000 son niños, según datos del gobierno panameño. La situación es especialmente alarmante para los menores no acompañados, quienes enfrentan innumerables riesgos durante su travesía.
Luis Pedernera, vicepresidente del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, calificó el Darién como «la peor experiencia» para cualquier niño migrante. «Es lo peor que le puede pasar a un niño migrante y a su familia en su búsqueda de un futuro mejor», comentó el experto a la agencia de noticias AFP. La ruta, conocida por su selva densa, ríos peligrosos y la presencia de grupos criminales, representa una amenaza inminente para los derechos básicos de los niños, como el derecho a la vida, la educación y la salud.
250,000 niños enfrentan la selva del Darién desde 2020
Desde 2020, más de 250.000 niños han atravesado esta peligrosa jungla, y la cifra sigue creciendo. En este año, de los 286.000 migrantes que cruzaron el Darién, más de 60.000 eran niños, muchos de ellos viajando sin acompañantes. Según Pedernera, el hecho de que un niño tenga que enfrentar este tipo de situación es una violación clara de la Convención de los Derechos del Niño, especialmente cuando se trata de menores no acompañados, quienes se enfrentan a un futuro aún más incierto y peligroso.
Las autoridades panameñas han señalado que la mayoría de los migrantes que atraviesan esta región provienen de Venezuela, seguidos de colombianos, ecuatorianos, haitianos y chinos, entre otros. Muchos de los menores viajaban con familiares, mientras que otros fueron enviados sin acompañante por razones que incluyen la separación en el camino o la decisión de los padres de enviar a los niños para protegerlos de la violencia en sus países de origen.
Los peligros de la travesía
La selva del Darién es conocida por ser una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Durante su travesía, los migrantes enfrentan múltiples amenazas. Además de los riesgos naturales como los ríos caudalosos y animales salvajes, los migrantes también deben lidiar con los grupos criminales que operan en la región, quienes se dedican al robo, secuestro y abuso sexual. Las organizaciones internacionales han documentado numerosas denuncias de violencia en esta zona, pero el gobierno panameño no puede determinar con exactitud la cantidad de muertes, debido a la inaccesibilidad del terreno y la dificultad para recuperar los cuerpos.
“Cada vez más el enfoque de las autoridades está centrado en la seguridad, pero lo que realmente debe priorizarse, especialmente cuando se trata de niños, es el enfoque de protección”, expresó Pedernera. La falta de una ruta migratoria segura y la incapacidad de los gobiernos para ofrecer alternativas viables dejan a los niños expuestos a situaciones extremas.
Las políticas de control migratorio en Panamá
En respuesta al aumento de la migración, el gobierno de Panamá ha cerrado varios caminos en el Darién y ha implementado medidas más estrictas para frenar el flujo migratorio. Recientemente, Panamá ha comenzado a deportar migrantes con el apoyo de Estados Unidos, mediante vuelos pagados por Washington. Además, el gobierno panameño ha anunciado sanciones económicas, incluidas multas, para aquellos migrantes que intenten cruzar la jungla del Darién sin seguir las rutas legales.
Para Pedernera, estas medidas, aunque pueden parecer una solución a corto plazo, en realidad agravan la situación. El endurecimiento de las restricciones en las fronteras hace que los migrantes se vean obligados a recurrir a rutas aún más peligrosas, lo que aumenta considerablemente los riesgos que enfrentan, sobre todo los niños.
La necesidad urgente de una respuesta internacional
La situación en el Darién pone de manifiesto la falta de un enfoque coordinado y humanitario en la gestión de la migración en la región. La ONU y diversas organizaciones de derechos humanos han instado a los gobiernos de Panamá, Colombia y otros países involucrados a colaborar para garantizar una migración segura y ordenada, que priorice la protección de los más vulnerables, como los niños. Sin embargo, la falta de consenso entre los países sigue siendo uno de los mayores obstáculos para resolver esta crisis.

