Lo que comenzó como una tarde de juegos junto al agua terminó en tragedia parcial para una familia en Carolina del Norte. Un caimán de más de dos metros (7 pies) emergió inesperadamente del lago en el condado de Brunswick y atacó a una niña de 12 años que jugaba cerca de la orilla junto a otros niños.
El ataque ocurrió mientras los menores se encontraban chapoteando en una zona poco profunda del lago. Testigos del suceso describieron el momento como “aterrador” y aseguraron que el animal apareció de forma repentina desde entre la vegetación acuática, generando pánico entre los presentes.
La niña fue rescatada rápidamente por adultos que se encontraban en el área, quienes lograron ahuyentar al caimán antes de que causara más daño. Posteriormente, fue trasladada de urgencia a un hospital cercano, donde recibió atención médica por heridas de gravedad en sus extremidades. Según los reportes médicos, se encuentra fuera de peligro pero requerirá seguimiento especializado.
El Departamento de Recursos Naturales de Carolina del Norte confirmó que el reptil fue capturado poco después del incidente y eutanasiado, siguiendo los protocolos establecidos cuando un animal salvaje representa una amenaza para la seguridad pública.
Este incidente ha puesto en alerta a las autoridades locales, que han reforzado las advertencias sobre la presencia de caimanes en lagos y cuerpos de agua dulce en la región, especialmente durante los meses cálidos cuando su actividad aumenta. El condado de Brunswick ya ha tenido reportes anteriores de avistamientos de caimanes, aunque ataques a humanos son extremadamente raros.
«Es fundamental que la comunidad entienda que los caimanes no son animales domesticados. Cuando invadimos su hábitat, estas situaciones pueden ocurrir», señaló un portavoz de vida silvestre. Las autoridades recomiendan evitar nadar en áreas no supervisadas y mantenerse alejados de las orillas en zonas donde estos reptiles han sido avistados.
Con el aumento de temperaturas en verano, la interacción entre humanos y fauna silvestre se incrementa. En muchos casos, la expansión de zonas residenciales hacia ecosistemas naturales ha llevado a un mayor número de encuentros inesperados como el ocurrido en Brunswick.

