La vida de Carlos ha cambiado drásticamente en los últimos meses. Este propietario de una tienda de abastos en Guayaquil se enfrenta a la incertidumbre tras recibir amenazas de extorsión que lo obligaron a cerrar su negocio. Su historia es un reflejo de la creciente preocupación por la seguridad entre los comerciantes en la ciudad.
La Amenaza de Extorsión
Todo comenzó hace tres meses, cuando Carlos fue visitado por individuos que exigieron dinero a cambio de “permisos” para operar en su barrio, ubicado en el norte de Guayaquil. “Me dijeron: ‘Venimos tal día, tienes que colaborar’. Yo me hice el loco y cerré”, relató el afectado. Esta situación de extorsión, conocida localmente como “vacunas”, ha crecido en frecuencia, afectando no solo a comerciantes en áreas periféricas, sino también a aquellos en zonas más céntricas.
Antes de esta amenaza, Carlos había experimentado un robo en su negocio, pero continuó operando para satisfacer las necesidades de sus vecinos. Sin embargo, la nueva amenaza fue un golpe difícil de asimilar. Tras trabajar durante dos años en su tienda después de haber quedado desempleado, tomó la difícil decisión de cerrar y buscar alternativas.
Estadísticas Alarmantes
De acuerdo con datos de la empresa municipal Segura, Guayaquil reportó al menos 2.209 casos de extorsiones entre el 1 de enero y el 24 de septiembre de 2024. Los distritos más afectados incluyen Nueva Prosperina, con un 17,84% de los casos, y otros sectores como Modelo, sur, y Pascuales. Esta estadística revela un panorama preocupante para la seguridad ciudadana en la región.
El Impacto Personal
Carlos, consciente del peligro, ahora vive con precaución. “Me quedé con deudas, ahora no encuentro empleo y estoy pensando en migrar. Sé inglés, pero no logro encontrar trabajo”, confiesa. Tras cerrar su tienda, vendió los productos que aún tenía y se deshizo de su equipo a otros comerciantes en la zona. “No me dio tiempo ni de poner un letrero para avisar que cerraba”, añadió, reflejando el miedo que lo llevó a actuar rápidamente para proteger a su familia.
La inseguridad ha alcanzado tal nivel que, recientemente, un compañero comerciante en su área fue secuestrado. “Cuando me enteré de su secuestro, pensé: ‘de la que me salvé’”, comentó Carlos. Este sentimiento de cercanía con el riesgo es compartido por otros comerciantes, quienes también han sido objeto de extorsiones.
La Respuesta de las Autoridades
A pesar de la presencia de un puesto policial cercano, los residentes sienten que la seguridad no es suficiente. Muchos piden acciones más contundentes por parte de las autoridades para identificar y procesar a los delincuentes que operan en sus comunidades. Carlos sostiene que se necesita un enfoque más agresivo para combatir este problema.
Situación General
El local de Carlos ahora muestra un letrero de “Se alquila”, pero hasta el momento no ha encontrado inquilinos interesados. Otros negocios en su área han cerrado o cambiado su enfoque, como el caso de una dueña de gabinete que también optó por cerrar debido a amenazas.
Los comerciantes están viviendo una realidad alarmante, donde la extorsión está afectando no solo la seguridad de sus negocios, sino también su bienestar emocional y financiero. Mientras la ciudad enfrenta un aumento en estos delitos, la esperanza de una solución efectiva parece aún lejana.
