Los incendios forestales continúan afectando los ecosistemas ecuatorianos durante 2025, aunque con una reducción significativa respecto al año anterior. Un informe de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR), con corte al 17 de octubre, reporta 1.412 incendios en 20 provincias, que han destruido 8.475,98 hectáreas de cobertura vegetal desde enero.
La provincia más afectada es Imbabura, con 2.996,35 hectáreas consumidas por el fuego, seguida de Guayas (989,67 ha) y Loja (978,51 ha). A nivel nacional, las cifras representan una caída del 80% respecto a 2024, cuando los incendios alcanzaron 43.052 hectáreas y se registraron más de 3.800 eventos, impulsados por un periodo de sequía extrema.
Factores y patrones de los incendios en Ecuador
El investigador Vinicio Carrión, docente de la carrera de Gestión de Riesgos y Desastres de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), explicó que para comprender el fenómeno de los incendios forestales es esencial analizar la ecología del fuego, ciencia que estudia los efectos ecológicos y humanos del uso del fuego, así como los ecosistemas que dependen o son afectados por él.
“Hay ecosistemas adaptados y susceptibles, a los que el fuego hace mucho daño. Ecuador, pese a su tamaño, tiene 91 tipos de ecosistemas, pero aún no se sabe con precisión cuáles necesitan fuego y cuáles son vulnerables”, señaló Carrión.
Investigaciones recientes indican que el páramo y el matorral alto andino húmedo son ecosistemas adaptados al fuego, mientras que el bosque seco tropical es altamente susceptible a su impacto.
El experto explica que los incendios se clasifican según su severidad:
- Alta, cuando se destruye la totalidad de la vegetación.
- Moderada, cuando se afecta cerca de la mitad.
- Baja, cuando solo el 5 % o 10 % resulta dañado.
“Los incendios de baja severidad pueden tener efectos beneficiosos, incluso en ecosistemas no adaptados, porque ayudan a reciclar nutrientes y limpiar material combustible”, indicó.
Causas humanas y estrategias de prevención
De acuerdo con Julián Pérez Correa, jefe de Biodiversidad de la Facultad de Ciencias de la Vida de la ESPOL, la mayoría de incendios forestales en Ecuador tienen origen humano, ya sea de forma directa (provocados intencionalmente) o indirecta (quemas agrícolas o fallas eléctricas).
“La anomalía aquí son las personas”, enfatiza Pérez Correa, señalando que en provincias como Loja, donde los incendios también son frecuentes, las prácticas agropecuarias tradicionales —como la quema de rastrojos tras la cosecha— son una causa recurrente.
El profesor Carrión coincide en que eliminar totalmente el uso del fuego en la agricultura es poco viable. “Lo inteligente sería aprender a usarlo correctamente”, sostiene, y añade que en Loja la UTPL trabaja junto al municipio en mapas de susceptibilidad a incendios y en campañas de prevención.
Impactos ecológicos y recuperación de los bosques
Los incendios en ecosistemas no adaptados al fuego, como el bosque seco de la Costa, provocan daños graves debido a las altas temperaturas y baja precipitación, factores que reducen la capacidad natural de recuperación.
Según Pérez Correa, la regeneración de un bosque tras un incendio puede tomar entre 10 y 15 años si no se aplican planes de restauración integral que incluyan reforestación, recuperación del suelo y restauración de microorganismos.
El desafío, concluyen los expertos, no se limita a apagar incendios, sino a construir una cultura de prevención, fortalecer la educación ambiental rural y promover políticas públicas que integren la gestión de riesgos con la conservación de los ecosistemas.

