Un equipo internacional de paleontólogos ha realizado un hallazgo sorprendente: los restos fósiles de un dinosaurio que habitó la Tierra hace más de 220 millones de años muestran señales claras de una infección ósea que todavía hoy afecta a los seres humanos. Se trata de una forma avanzada de osteomielitis, una enfermedad inflamatoria que compromete gravemente el tejido óseo y que puede causar fuertes dolores, hinchazón e incluso necrosis si no se trata a tiempo.
El espécimen fósil pertenece a un dinosaurio herbívoro del período Triásico, y fue encontrado en una formación geológica ubicada en Sudamérica. Los investigadores utilizaron técnicas de escaneo por microtomografía computarizada (micro-CT) para analizar la estructura interna de los huesos sin dañarlos, descubriendo alteraciones severas en el tejido que indican la presencia de una infección crónica.
“El hueso tenía una textura porosa, un crecimiento irregular y signos evidentes de inflamación que se asemejan a los que se observan en casos actuales de osteomielitis,” explicó uno de los científicos a cargo del estudio. Este descubrimiento no solo permite conocer más sobre la salud de los dinosaurios, sino que también establece un vínculo evolutivo entre enfermedades antiguas y modernas, lo que podría abrir nuevas líneas de investigación médica.
Según los investigadores, este tipo de patología afecta hoy a miles de personas en todo el mundo, además de presentarse en animales como aves, reptiles y mamíferos. La detección en fósiles tan antiguos sugiere que esta dolencia ha estado presente durante gran parte de la historia de la vida vertebrada sobre la Tierra.
Lo que hace único este hallazgo es su nivel de conservación. A pesar de haber transcurrido más de dos siglos de millones de años, los detalles microscópicos de la infección siguen siendo visibles, lo que permitió a los expertos compararlos con casos clínicos actuales. Los investigadores también destacan que este tipo de estudios puede ayudar a entender cómo evolucionaron las enfermedades infecciosas y cómo han afectado a diferentes especies a lo largo del tiempo.
Este descubrimiento reafirma la relevancia de la paleopatología, una rama de la paleontología dedicada al estudio de enfermedades en organismos fósiles. Gracias a ella, los científicos pueden comprender mejor cómo interactúan la biología, el entorno y las enfermedades desde una perspectiva evolutiva.

