María Branyas Morera, quien ostentaba el título de la persona más anciana del planeta, ha fallecido a los 117 años. Según el informe de su familia, Branyas murió pacíficamente mientras dormía, sin sufrimiento ni dolor. La noticia fue compartida por sus seres queridos a través de sus redes sociales este martes.
Branyas, nacida en San Francisco el 4 de marzo de 1907, vivió una vida marcada por acontecimientos históricos y desafíos personales. Su familia había emigrado de Cataluña, España, a Estados Unidos antes de su nacimiento, pero regresaron a su tierra natal en 1915, en medio de la Primera Guerra Mundial. El viaje de vuelta a España fue trágico; su padre falleció de tuberculosis y su cuerpo fue sepultado en el mar.
Establecida en Barcelona con su madre, Branyas experimentó el turbulento siglo XX en primera persona. En 1931, se casó con un médico y vivió con él durante 40 años, hasta su fallecimiento a los 72 años. La pareja tuvo tres hijos, once nietos y numerosos bisnietos. Según su hija menor, Rosa Moret, Branyas nunca requirió hospitalización ni sufrió fracturas durante su vida.
María Branyas superó numerosos retos: la pandemia de gripe de 1918, dos guerras mundiales, la Guerra Civil Española y, más recientemente, el COVID-19, del cual se recuperó a los 113 años. Su longevidad le valió el reconocimiento del Grupo de Investigación Gerontológica de Estados Unidos (US Gerontology Research Group) y el libro Guinness de los récords, que la proclamaron la persona más anciana del mundo en enero de 2023, tras la muerte de la francesa Lucile Randon.
En los últimos días de su vida, Branyas expresó en sus redes sociales que sentía el final cerca. En un mensaje conmovedor, comentó: “Me siento débil. Se acerca la hora. No lloréis, no me gustan las lágrimas. Y sobre todo, no sufráis por mí. Allí donde vaya seré feliz”. Su sabiduría y fortaleza serán recordadas con cariño por su familia y admiradores.
Actualmente, el título de la persona más vieja del mundo lo ostenta Tomiko Itooka, una japonesa nacida el 23 de mayo de 1908, que cuenta con 116 años, según el Grupo de Investigación Gerontológica de Estados Unidos.
El legado de María Branyas también ha sido objeto de estudio por parte de un equipo de la Universidad de Barcelona, que investigó su ADN para comprender las razones de su longevidad. Manel Esteller, uno de los investigadores, destacó la agudeza mental de Branyas y su capacidad para recordar detalles con claridad a pesar de su avanzada edad, describiéndola como «una persona increíble» con problemas mínimos de movilidad y audición.
La vida de María Branyas es un testimonio de resiliencia y longevidad, un ejemplo inspirador de cómo la fortaleza personal y la buena salud pueden perdurar a lo largo de más de un siglo.

