Explora la Naturaleza en Guayaquil: Aventura con los Monos Aulladores en el Cerro Blanco

Ecuador

El Cerro Blanco, un bosque ubicado en Guayaquil, ofrece una experiencia única para aquellos que buscan conectarse con la naturaleza. El martes 8 de octubre, a las 07:00, inicié una emocionante aventura guiada por Daniel López, quien me recibió con una cálida bienvenida y consejos esenciales para el recorrido. Con clima templado y un ambiente propicio, la jornada prometía ser memorable.

Daniel me sugirió aplicarme bloqueador solar, llevar agua, usar una gorra y asegurar bien los cordones de mis zapatos. También me ofreció una manzana y un banano, que no podía comer hasta que él lo indicara, una regla que pronto entendería.

El Inicio del Sendero

Comenzamos nuestra caminata a las 07:15, enfrentando los primeros metros de escaleras de roca. Con el barandal de madera a nuestro lado, subimos por un camino que pronto reveló la falta de resistencia en mi cuerpo. Mis respiraciones se hacían más profundas y el pulso se aceleraba. Daniel, atento a mi bienestar, propuso descansar en unos bancos de madera bajo una rústica carpa. Fue el momento perfecto para disfrutar de la manzana, que ayudaría a mantenerme hidratado.

Mientras continuábamos, llegamos a un letrero que indicaba que apenas habíamos comenzado el sendero Mono Aullador. Nos reímos al darnos cuenta de que solo habíamos cubierto el 3% del recorrido, aunque yo ya sentía que había sido mucho más.

Un Viaje a Través de la Biodiversidad

A medida que ascendíamos, algunos tramos eran más planos, lo que facilitaba la caminata, pero los desniveles se volvían desafiantes. Con mi mochila ajustada, no dejaba de admirar el entorno, especialmente los majestuosos ceibos, árboles icónicos de la región.

Cada paso generaba un crujido de hojas secas, un sonido que advertía a los animales de nuestra presencia. «¿Escuchas eso?», preguntó Daniel. Era un sonido similar al de un clavo al ser clavado. «Es un pájaro carpintero», me explicó mientras me señalaba a un pequeño ave picoteando un árbol.

El canto de diversas aves llenaba el aire, y sus nidos eran visibles entre las ramas. En este recorrido, los pasos eran cruciales, ya que las lagartijas, rápidas y sigilosas, podrían asustarse con facilidad.

Encuentros Inesperados

Hicimos una breve pausa para recuperar el aliento y beber agua. Al retomar la caminata, Daniel se sorprendió al avistar una colaespina pizarrosa, un ave que no había visto antes en este sendero. Aunque no pudo fotografiarla, su descubrimiento me instó a estar más alerta por el resto del camino.

Continuamos el recorrido y encontramos una mantis religiosa, que se camuflaba perfectamente entre las hojas secas, y la passiflora, una planta trepadora emparentada con la maracuyá.

A medida que avanzábamos, el clima se enfrió un poco, creando un ambiente perfecto para seguir explorando. A la derecha, alcanzamos el primer mirador, donde la vista de la vegetación exuberante y los pájaros sobrevolando era simplemente impresionante. En ese momento de tranquilidad, ya eran las 08:45.

Reflexiones Finales

La experiencia en el Cerro Blanco no solo es una oportunidad para disfrutar de la biodiversidad, sino también un recordatorio del valor de la naturaleza y la importancia de preservarla. Desde el avistamiento de especies hasta la conexión con el entorno, cada paso en este sendero es una invitación a descubrir la riqueza natural que Guayaquil tiene para ofrecer.

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