Después de más de dos siglos de historia, Estados Unidos ha puesto fin oficialmente a la producción del centavo, una de sus monedas más emblemáticas. La decisión busca reducir los costos de fabricación, ya que producir cada centavo cuesta más de lo que realmente vale.
La última moneda de un centavo fue acuñada este miércoles en Filadelfia por el tesorero de Estados Unidos, Brandon Beach, cerrando así 232 años de producción ininterrumpida de esta denominación.
Kristie McNally, directora interina de la Casa de la Moneda, declaró en un comunicado que “aunque la producción general concluye hoy, el legado del centavo perdura”. Aclaró que las monedas existentes seguirán siendo de curso legal, por lo que podrán utilizarse sin restricciones. Actualmente, se estima que circulan unos 300.000 millones de centavos en todo el país.
El fin del centavo se produce tras una solicitud del presidente Donald Trump, quien en febrero pidió al Departamento del Tesoro detener su fabricación. Según Trump, “durante demasiado tiempo, Estados Unidos ha acuñado centavos que literalmente nos cuestan más de 2 centavos. ¡Es un desperdicio total!”, escribió en su plataforma Truth Social.
El alto costo de producción fue determinante para la decisión. Según datos de la Casa de la Moneda, el gasto para fabricar cada centavo pasó de 1,42 centavos en 2014 a 3,69 centavos en 2025, lo que representa un aumento superior al 160%. Este encarecimiento se debe principalmente al alza en los precios del zinc y el cobre, los metales que componen la moneda.
El centavo fue autorizado por primera vez en 1792, mediante la Ley de Acuñación, como parte del sistema monetario establecido por el Congreso. Las primeras monedas estaban elaboradas de cobre puro, pero con el tiempo fueron sustituidas por una aleación de zinc recubierto de cobre, lo que dio origen al característico “centavo rojo”.
En la Casa de la Moneda de Filadelfia se exhiben ahora los troqueles utilizados para acuñar los últimos centavos, junto con monedas en blanco y el equipo histórico que marcó el cierre de una era en la numismática estadounidense.
Aunque su producción se detiene, muchos consideran que el centavo seguirá siendo un símbolo del país y un objeto de colección. Numismáticos y economistas coinciden en que su desaparición marca una transición hacia una economía más eficiente y digital, donde las monedas de menor denominación pierden sentido frente al avance de los pagos electrónicos.

