El movimiento Revolución Ciudadana (RC) ha sufrido su tercera derrota consecutiva en elecciones presidenciales, esta vez en la segunda vuelta celebrada el domingo 13 de abril de 2025. Con más del 95% de las actas escrutadas, los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE) confirmaron que Daniel Noboa, del partido Acción Democrática Nacional (ADN), obtuvo el 55,86% de los votos, mientras que la fórmula de Luisa González y Diego Borja alcanzó el 44,14%, siendo esta la tercera derrota electoral consecutiva del correísmo.
Este resultado marca un nuevo capítulo en la historia política de Ecuador, donde el correísmo, que lideró el país durante más de una década con Rafael Correa, ha visto disminuir su poder electoral en las últimas elecciones presidenciales. En esta ocasión, la alianza RC-RETO de González y Borja, que representó la renovación del movimiento correísta, no logró superar a la fórmula de Noboa y su compañera de fórmula, María José Pinto.
El contexto del correísmo en las últimas elecciones presidenciales
La segunda vuelta electoral de abril de 2025 fue clave para determinar quién ocuparía la presidencia de Ecuador hasta 2029. Después de una primera vuelta disputada, la segunda vuelta se convirtió en un enfrentamiento directo entre dos proyectos políticos opuestos. La Revolución Ciudadana, que previamente había dominado la política ecuatoriana con Correa a la cabeza, se encontró nuevamente con la derrota, a pesar de la fuerte campaña realizada por González, quien fue respaldada por diversas organizaciones del sector progresista.
Por otro lado, Daniel Noboa, quien encabezó la fórmula de ADN, logró captar el apoyo de una porción significativa del electorado, superando con claridad a su competidora. Noboa y Pinto obtuvieron el respaldo de quienes consideran necesario un cambio en la forma de gobernar el país, alejándose de las políticas de corte socialista impulsadas por el correísmo.
Los factores detrás de la derrota del correísmo
El resultado de esta elección refleja no solo la evolución del apoyo electoral al correísmo, sino también el contexto social y político del país. Durante la campaña, el binomio González-Borja intentó movilizar a sus bases más fieles y recuperar la influencia que el movimiento había perdido en años recientes, pero no logró cautivar a un sector mayoritario de la población. A pesar de contar con una estructura organizativa sólida y con un discurso centrado en la justicia social y el rechazo a las políticas neoliberales, la fórmula correísta no logró conectar con los votantes que prefirieron la propuesta de cambio de ADN.
Por su parte, Daniel Noboa, un joven empresario que representa el centro-derecha y la renovación política, apeló a la necesidad de un gobierno más enfocado en la seguridad, el desarrollo económico y la reconstrucción institucional. Su propuesta fue bien recibida por sectores que buscan estabilidad y un giro hacia la modernización económica. Este enfoque fue clave para su victoria en las urnas, con un amplio respaldo popular.
Impacto de los resultados para la política ecuatoriana
La derrota del correísmo no solo representa un revés para el movimiento liderado por Rafael Correa y Luisa González, sino también un cambio importante en la agenda política del país. Tras este resultado, el correísmo pierde nuevamente la oportunidad de regresar al poder y debe replantear su estrategia a largo plazo. La tercera derrota consecutiva deja claro que, a pesar de su arraigo en ciertos sectores de la sociedad, la Revolución Ciudadana enfrenta una crisis de liderazgo y apoyo popular.
