El cometa interestelar 3I/ATLAS ha emitido por primera vez una señal de radio detectable, un hallazgo que marca un hito en la exploración astronómica moderna. Detectado mientras atravesaba el sistema solar en octubre de 2025, el fenómeno fue registrado por el radiotelescopio MeerKAT, ubicado en Sudáfrica, que identificó líneas de absorción de hidroxilo (OH), un subproducto de la sublimación del agua presente en la coma del cometa.
De acuerdo con los astrónomos a cargo del estudio, esta detección confirma que 3I/ATLAS es un cometa activo, lo que permite analizar en tiempo real los procesos químicos que ocurren en cuerpos provenientes de otros sistemas estelares. “Es como recibir una carta escrita hace miles de millones de años desde otra estrella”, explicó el equipo investigador, al destacar la relevancia del hallazgo para comprender los orígenes del material interestelar.
Hasta el momento, solo dos objetos de origen interestelar habían sido identificados: ʻOumuamua en 2017 y 2I/Borisov en 2019. Sin embargo, ninguno de ellos había mostrado una señal de radio tan clara como la registrada por 3I/ATLAS, lo que convierte a este cometa en un caso único en la historia de la astronomía moderna.
Los datos obtenidos por MeerKAT confirman que el cometa sigue una trayectoria hiperbólica, es decir, no está gravitacionalmente ligado al Sol. Esto demuestra que 3I/ATLAS procede de otro sistema estelar, lo que ofrece una oportunidad sin precedentes para estudiar la composición química y física de los materiales formados fuera del entorno solar.
Una imagen capturada por el Telescopio Espacial Hubble muestra la brillante cola del cometa extendiéndose en dirección opuesta al Sol, acompañada por la emisión de gases como cianuro de hidrógeno y hidroxilo, señales inequívocas de su actividad natural. Pese a algunas especulaciones iniciales, los científicos descartan que se trate de un objeto artificial, ya que su comportamiento coincide con el de los cometas naturales sometidos al calor y viento solar.
Durante su acercamiento al Sol, 3I/ATLAS perdió aproximadamente el 16 % de su masa, liberando fragmentos y chorros de gas a velocidades considerables. Aunque este proceso puede parecer extremo, los expertos aseguran que se trata de una reacción común en cuerpos helados que entran en contacto con la radiación solar.
Los investigadores destacan que la detección de agua y gases en el cometa podría ofrecer pistas sobre cómo se formaron los planetas y cuerpos celestes en entornos distintos al nuestro. Este tipo de observaciones, subrayan, abre una ventana al pasado químico de la galaxia, permitiendo comprender mejor los procesos de evolución estelar y planetaria.
“Este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre los cometas interestelares, sino que también nos acerca a entender los orígenes de los sistemas planetarios fuera del Sol”, concluyó el equipo científico.

