Convertirse en piloto de combate es uno de los desafíos más exigentes dentro de las Fuerzas Armadas españolas. El capitán Enrique Gil Cañete, hoy parte del exclusivo grupo de 100 pilotos de caza activos en el país, lo sabe bien. Vuela aviones EF-18 Hornet, uno de los cazas más potentes del mundo, fabricado por McDonnell Douglas en Estados Unidos, y asegura que cada misión combina adrenalina, precisión y riesgo extremo.
Su carrera comenzó en 2012, cuando decidió postularse al proceso de selección militar. De 5.000 aspirantes, apenas 27 consiguieron una plaza para formarse como pilotos de combate. “Es una sensación brutal, te sientes el rey del mundo la primera vez que vuelas un caza, pero luego te acostumbras”, recordó Gil en una entrevista para el pódcast de Uri Sabat.
Riesgos al límite: el peligro invisible en el aire
Uno de los momentos más difíciles de su trayectoria fue presenciar la muerte de un compañero a causa de un accidente con un ave. El impacto de un pájaro en pleno vuelo, explica, puede ser devastador: “Que un pájaro te entre en la cúpula, con la velocidad a la que volamos, es como si te dispararan un cañón o una bala”.
El capitán relató que presenció cómo el avión de su colega se estrelló contra una montaña tras el impacto. Este tipo de accidentes, conocidos en aviación militar como bird strikes, representan un riesgo constante en maniobras de alta velocidad.
“Ser piloto de combate implica estar preparado para todo: puedes tener que lanzar bombas, entrar en combate, pero lo haces amparado por tus valores”, afirmó. “Nosotros queremos vivir en paz, no en guerra”.
El riguroso proceso de formación
Gil destaca que el camino para convertirse en piloto de caza es “duro y largo”. El entrenamiento incluye múltiples cursos de vuelo especializados, cada uno impartido únicamente por pilotos de combate con experiencia. “No cualquiera puede enseñar a volar un caza, solo otro piloto de caza puede hacerlo”, explicó.
Durante el proceso de formación, los aspirantes deben superar pruebas constantes. “Si en las primeras 16 clases no consigues volar solo, te dan de baja y ya no puedes seguir”, comenta. En su promoción, solo 7 de los 10 candidatos iniciales lograron completar el curso de caza y ataque, una de las fases más exigentes.
A pesar de la dureza del proceso, Gil reconoce que quienes no logran culminarlo también construyen carreras destacadas. “Los compañeros que no pudieron continuar como pilotos de caza hoy son excelentes pilotos comerciales”, señala.
Una élite al servicio del cielo
Convertirse en uno de los cien pilotos de caza de España significa pertenecer a una élite que combina habilidad técnica, fortaleza psicológica y disciplina extrema. Cada vuelo implica entrenamiento constante y una responsabilidad directa en la defensa aérea del país.
“Cuando estás en el aire, sabes que todo depende de ti”, resume Gil. “No hay margen de error”.

