A medida que se acerca la segunda vuelta electoral en Ecuador, un número creciente de organizaciones políticas y sociales promueve la opción de anular el voto en rechazo a las candidaturas de Daniel Noboa (Acción Democrática Nacional – ADN) y Luisa González (Revolución Ciudadana – RETO). La iniciativa ha ganado terreno entre diversos sectores de la sociedad, particularmente aquellos desencantados con las opciones políticas tradicionales.
En la primera vuelta electoral, celebrada el 9 de febrero de 2025, el voto nulo obtuvo un notable 6.8% de apoyo, lo que lo posicionó como la tercera opción más votada, superando a Leonidas Iza (Pachakutik), quien apenas alcanzó el 5%. Este resultado refleja el creciente descontento de los votantes con el sistema político y los partidos en el poder.
Un grupo de organizaciones, que incluye a la Unión General de Trabajadores del Ecuador (UGTE), el movimiento Unidad Popular (UP) y la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), formó la Coordinadora de Organizaciones Sociales por el Voto Nulo. Estas agrupaciones han argumentado que ninguno de los dos candidatos finalistas representa adecuadamente los intereses de la ciudadanía.
José Villavicencio, representante de la UGTE, explicó que su organización decidió promover el voto nulo tras un análisis nacional en el que concluyeron que ni Noboa ni González representan las “legítimas aspiraciones del pueblo”. Según Villavicencio, González simboliza el regreso de un pasado correísta que afectó los derechos laborales, mientras que Noboa ha permitido la continuidad de políticas del correísmo sin haber hecho inversiones significativas en el bienestar social.
Desde la UP, se critica tanto a González como a Noboa por su vinculación con gobiernos previos que no han logrado resolver los problemas estructurales del país. Además, se les acusa de acelerar el extractivismo y de poner en riesgo el patrimonio nacional. Para la UP, la polarización política entre el correísmo y el anticorreísmo ha limitado la posibilidad de otras alternativas en los comicios pasados.
Por su parte, la FESE justifica su apoyo al voto nulo en base a las propuestas educativas de ambos candidatos, que consideran insatisfactorias. La organización ha calificado a González de “falsa izquierda” debido a sus políticas contra la educación superior, mientras que a Noboa lo acusan de no cumplir sus promesas relacionadas con el acceso gratuito a la universidad y de recortar presupuestos educativos.
Los analistas políticos coinciden en que el voto nulo refleja una creciente desconfianza de los ciudadanos hacia el sistema político y los partidos tradicionales. Alfredo Espinosa, analista político, sostiene que el voto nulo puede tener dos causas: las diferencias ideológicas de las organizaciones políticas que lo promueven y el desencanto de los ciudadanos que no se sienten representados por ninguna de las opciones. A esto se añade que el debate entre los candidatos no ha logrado responder a las inquietudes de la ciudadanía, lo que ha intensificado la frustración.
En cuanto al balotaje, Espinosa predice que el porcentaje de votos anulados será similar al de la primera vuelta, y que los candidatos deberán enfocarse en captar a los votantes que respaldaron otras candidaturas que no pasaron a la segunda vuelta. Las redes sociales jugarán un papel crucial en esta disputa, ya que los candidatos buscarán conectar con los votantes indecisos.
Karina Granja, otra analista política, opina que el voto nulo está ligado a un rechazo generalizado, especialmente entre los jóvenes, hacia el manejo del país y las instituciones políticas. Según Granja, en la segunda vuelta, el voto nulo podría tener un impacto significativo, pero algunos votantes que inicialmente eligieron esta opción podrían decidir apoyar a uno de los candidatos, dado que la elección decidirá al próximo presidente por los próximos cuatro años.
Para captar los votos nulos, los candidatos deberán adaptar sus estrategias de campaña, acercándose más al electorado, con propuestas concretas y alejadas del populismo. Granja señala que, al ser una decisión emocional, el voto nulo puede cambiar si los candidatos logran conectar con las necesidades de los jóvenes, que representan una parte significativa del padrón electoral.
Francisco Crespo, experto en análisis político, agrega que el voto nulo es un reflejo del agotamiento democrático. A su juicio, las personas que lo impulsan manifiestan un rechazo a las opciones políticas tradicionales y a un sistema que consideran insuficiente. Aunque Crespo no prevé un aumento significativo del voto nulo en la segunda vuelta, considera que la polarización existente entre los dos candidatos puede llevar a muchos votantes a elegir al “menos malo” o a seguir manifestando su rechazo al sistema político.
El debate de los candidatos, según Crespo, no ha sido efectivo para cambiar la tendencia del voto nulo, pues muchos votantes ya tienen una decisión tomada. En este contexto, los candidatos deberán hacer ajustes radicales en sus campañas, ofrecer propuestas concretas y compromisos reales si desean atraer a los votantes que han optado por anular su voto.
