Décadas de desidia gubernamental han permitido que los sedimentos del río Guayas alcancen niveles críticos, generando un riesgo constante de inundaciones en Guayaquil durante la temporada de lluvias. El anuncio del esperado dragado generó esperanza entre los habitantes, quienes esperaban mitigar los daños que cada invierno afecta a la ciudad.
La Prefectura del Guayas había previsto retomar los trabajos de dragado en 2026 bajo un nuevo modelo de gestión, con inversión millonaria destinada a limpiar el cauce y garantizar el flujo adecuado del río. Sin embargo, la expectativa ciudadana se ha convertido en frustración ante los resultados insuficientes.
El trabajo realizado por la barcaza frente al islote cercano al puente de la Unidad Nacional resultó limitado. Tras fallos técnicos constantes, la maquinaria utilizada desapareció sin generar cambios visibles en los niveles de sedimento, dejando a la población sin soluciones concretas.
Sin un dragado adecuado, el agua de lluvia no logra desfogar correctamente durante las mareas altas, lo que condena a la ciudad a inundaciones más severas y frecuentes. Los guayaquileños continúan enfrentando pérdidas materiales que afectan hogares, comercio e infraestructura urbana.
A esta problemática se suma la acción de ciudadanos que arrojan basura en las calles y ríos, lo que complica aún más el flujo del agua y aumenta los riesgos de desbordes. La combinación de sedimentos acumulados y residuos sólidos intensifica los efectos de cada temporal.
Expertos señalan que la solución requiere no solo inversión en maquinaria y mantenimiento, sino también una estrategia integral de gestión urbana, educación ciudadana y sanciones efectivas para quienes contaminan el río y sus alrededores.
Mientras tanto, los guayaquileños observan con preocupación cómo cada lluvia se convierte en un recordatorio de que las promesas de dragado y limpieza del río Guayas aún están lejos de materializarse, y que la ciudad sigue vulnerable ante los embates de la naturaleza y la desidia institucional.

