Habitantes de Solanda Claman por la Presencia Militar Tras Una Ola de Violencia en Quito

SEGURIDAD

En el sector sur de Quito, Solanda, los residentes están desesperados por una solución a la creciente ola de violencia que azota su comunidad. El barrio, históricamente afectado por delitos menores como robos y asaltos, ha visto una escalada alarmante en la violencia en los últimos años, creando un clima de temor y desesperanza entre sus habitantes.

La situación alcanzó un punto crítico el pasado 18 de agosto, cuando un ataque armado resultó en la muerte de tres jóvenes y dejó a dos personas heridas. Los disparos, que ocurrieron alrededor de las 19:15, fueron perpetrados por individuos que llegaron en una moto y dispararon indiscriminadamente. Las víctimas, Alexis, Joel y Jordan, todos de entre 21 y 23 años, estaban involucrados en diversas actividades productivas y comunitarias, y su pérdida ha dejado una marca profunda en el barrio.

Paola Suárez, jefa del distrito Eloy Alfaro de la Policía Nacional, expresó la necesidad urgente de una intervención integral por parte de las autoridades para controlar la violencia que se ha desbordado en la zona. Según Suárez, en lo que va de 2024, el distrito ha registrado 29 muertes violentas, y aunque se han realizado operativos, muchos detenidos son liberados rápidamente, exacerbando la frustración de los residentes.

Los testimonios recogidos durante una visita del equipo de EL UNIVERSO revelan un panorama desolador. “Aquí últimamente siempre hay peleas, asaltos, sicariatos. Hubo un muerto aquí y otro más allá”, relató una vecina de más de treinta años en el área. Los negocios locales, que anteriormente operaban hasta tarde, ahora cierran temprano debido al miedo a ser atacados, afectando la economía del barrio.

La presencia de militares había brindado una sensación temporal de seguridad durante los primeros meses del estado de excepción declarado por el presidente Daniel Noboa en enero de este año. Sin embargo, la retirada de las Fuerzas Armadas ha coincidido con un repunte en los crímenes, intensificando el llamado de los residentes a que se restablezca su presencia.

A pesar de los esfuerzos de algunos negocios ambulantes por revitalizar la economía local, su proliferación descontrolada también se ha convertido en un problema, con algunos siendo utilizados como escondites para actividades delictivas. Paola Suárez confirma estas preocupaciones, señalando que la venta ambulante no solo atrae a más gente, sino que también puede servir como refugio para delincuentes.

La madre de Jordan Josué, uno de los fallecidos, compartió su dolor durante el funeral de su hijo, describiéndolo como un joven ejemplar. Santiago Maigua, su padre biológico, hizo un llamado a las autoridades para una investigación exhaustiva y para evitar que el caso quede impune.

En medio de este clima de inseguridad, los residentes de Solanda continúan buscando maneras de mantener su vida cotidiana mientras enfrentan una creciente amenaza de violencia. La sensación de inseguridad persiste, y un ramo de flores en memoria de las víctimas simboliza el deseo de justicia y seguridad que clama la comunidad.

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