La Semana Santa en las parroquias rurales de Quito volverá a convertirse en un espacio de fe, identidad y tradición comunitaria, con celebraciones que cada año convocan a cientos de fieles y visitantes. Puéllaro, Alangasí y La Merced destacan entre los puntos donde la religiosidad popular se expresa con fuerza a través de procesiones, dramatizaciones y costumbres heredadas por generaciones.
El Municipio de Quito informó que estas manifestaciones forman parte del patrimonio cultural vivo del Distrito Metropolitano y reflejan una profunda conexión entre espiritualidad, memoria colectiva y turismo comunitario.
Puéllaro: una procesión marcada por andas monumentales
En Puéllaro, ubicado en La Ruta Escondida, la Semana Santa se vive con una de las expresiones religiosas más solemnes de la ruralidad quiteña. La comunidad participa en un recorrido devocional por la parroquia, acompañando imágenes sagradas en una procesión que reafirma la tradición espiritual del sector.
Uno de los actos más representativos es la Procesión de las Andas, prevista para el martes 31 de marzo a las 19:00. En este evento participan doce estructuras de madera que representan distintas figuras religiosas y que pueden llegar a pesar hasta 2.000 libras.
La anda más pesada está recubierta con carrizo verde, un elemento que simboliza la fuerza y la destreza de los llamados “esclavos”, quienes cargan estas estructuras sobre sus hombros durante el recorrido. Esta práctica se transmite de generación en generación y mantiene una regla singular: para convertirse en “esclavo”, la persona debe tener un antecesor que ya haya cumplido ese rol.
Alangasí: los diablos como símbolo de tentación y lucha espiritual
En la parroquia de Alangasí, una de las representaciones más emblemáticas de la Semana Santa gira en torno a los Diablos, personajes que forman parte central de la escenificación religiosa local.
Durante la celebración, estos personajes recorren las calles gritando, riendo, provocando e incluso ofreciendo de manera simbólica dinero y “oro” a los asistentes. Su presencia busca representar la tentación y la lucha espiritual por las almas, dentro de una puesta en escena que mezcla religiosidad, dramatización y tradición.
Quienes asumen este papel no lo hacen de forma improvisada. Antes deben cumplir varios requisitos, entre ellos profesar fe en Jesús, asistir a retiros espirituales y recibir la bendición del padre de la iglesia Santo Tomás.
Para la comunidad, esta festividad es una de las más importantes del año, no solo por su carga espiritual, sino también por el movimiento de visitantes que fortalece el turismo local.
Dentro de la agenda religiosa constan dos actividades principales: el sábado 4 de abril a las 18:00 se realizará la Bendición del Fuego, y el domingo 5 de abril, también a las 18:00, se celebrará la Misa Pontifical de Resurrección.
La Merced: herencia familiar y devoción comunitaria
En La Merced, la figura del diablo también ocupa un lugar central, aunque con una particularidad marcada por la herencia familiar y su vínculo con las creencias andinas.
Según la tradición local, quien representa al diablo debe cumplir 12 años consecutivos en ese rol antes de designar a un heredero que continúe con la costumbre. Esa transmisión refuerza el sentido comunitario y cultural de una celebración que trasciende lo litúrgico.
Antes de iniciar la procesión por la avenida Ilaló, los Diablos de La Merced se encomiendan a Dios. Luego salen a provocar y tentar simbólicamente a los asistentes, como parte de una representación que une dramatización, fe popular y legado ancestral.
La procesión comienza en los patios de la capilla del barrio San Francisco, donde se escenifican los últimos días de la vida de Jesús. Desde allí, los participantes avanzan por la calle Ilaló hasta llegar a la iglesia central, en un recorrido que reúne devoción, teatro religioso y participación ciudadana.
La Procesión de los Diablos en La Merced se realizará el viernes 3 de abril a las 11:00.
Tradición, fe y turismo en la ruralidad quiteña
Las celebraciones de Semana Santa en Puéllaro, Alangasí y La Merced muestran cómo la ruralidad de Quito conserva manifestaciones culturales que combinan religión, historia y sentido de pertenencia.
Con andas de hasta 2.000 libras, personajes que representan la tentación y rituales que pasan de padres a hijos, estas parroquias mantienen vivas expresiones que no solo fortalecen la fe comunitaria, sino que también atraen visitantes interesados en conocer una de las tradiciones más singulares de la capital ecuatoriana.

