Ecuador atraviesa una profunda crisis energética que no solo afecta a los hogares, sino que también está teniendo consecuencias devastadoras para los refugios de animales del país. Las organizaciones dedicadas al rescate de animales están luchando con dificultades económicas y operativas sin precedentes, lo que pone en riesgo la vida de miles de animales en situación de abandono.
Uno de los casos más representativos es el de la Asociación para la Defensa de la Vida Animal (ADVA), un refugio ubicado en la provincia de Pichincha que alberga a más de 400 animales. Nicole Dancoso, fundadora de la organización, compartió que alimentar a estos animales les cuesta alrededor de 235 dólares diarios. Esto incluye más de 150 kilos de balanceado, dos quintales de avena, y cantidades importantes de frutas y verduras. Estos costos se han vuelto cada vez más difíciles de afrontar debido a la caída en las donaciones y la disminución en las adopciones. Mientras que anteriormente ADVA mantenía un promedio de 25 adopciones mensuales, en los últimos tres meses ese número ha bajado a solo 17.
Los refugios como ADVA también se enfrentan a otro desafío crítico: los cortes de energía. El santuario se abastece de energía fotovoltaica, pero los cortes frecuentes de electricidad han dificultado la difusión de sus actividades a través de las redes sociales, esenciales para su visibilidad y captación de fondos. Además, la crisis económica ha obligado a la organización a suspender rescates de nuevos animales, lo que impide cubrir los costos de atención veterinaria y alimentos que implican los nuevos ingresos.
La situación en otro refugio, la Fundación Lucky Bienestar Animal, también es grave. Este centro alberga a más de 800 animales, entre perros, gatos y animales de granja, en Quito. Katynka Cevallos, representante de la fundación, explicó que parte de los ingresos de Lucky provienen de la venta de productos en una tienda de mascotas, pero los cortes de luz han reducido la clientela, ya que se han tenido que cancelar citas de baño y peluquería. Las deudas por los servicios veterinarios también han aumentado significativamente, con facturas que superan los 13.000 dólares. A pesar de la grave situación económica, Lucky ha decidido no cerrar su tienda, ya que es su única fuente de ingresos, aunque la falta de electricidad dificulta las operaciones.
Además, Lucky Bienestar Animal enfrenta cortes de agua, lo que complica aún más la tarea de alimentar a los animales y mantener las instalaciones en condiciones adecuadas. Al igual que ADVA, Lucky se ha visto obligada a reducir la cantidad de rescates que realiza, ya que los recursos no son suficientes para atender todos los casos de animales reportados por la comunidad.
A pesar de las dificultades, ambas organizaciones siguen haciendo un esfuerzo por seguir operando y cuidando a los animales que dependen de ellas. En este contexto, los refugios apelan a la solidaridad de la comunidad para poder continuar con su labor. Las donaciones son vitales para cubrir los costos de alimentación, atención médica y el mantenimiento de las instalaciones.

