Este miércoles, Cuba enfrentará una crisis eléctrica significativa, con el 43% de su territorio quedando sin suministro de electricidad. Según la Unión Eléctrica (UNE), esta situación se debe al aumento en la demanda de energía, agravada por la escasez de combustible y las fallas en las centrales termoeléctricas.
Actualmente, se reportan seis unidades de las centrales termoeléctricas fuera de servicio, junto a 59 motores eléctricos de generación distribuida que también están inoperativos por la falta de diesel y fueloil. La UNE prevé que la capacidad máxima de generación eléctrica alcanzará 1.939 megavatios (MW), mientras que la demanda se disparará a 3.250 MW, generando un déficit de 1.320 MW. Este desfase resultará en una afectación real de 1.390 MW durante las horas pico, que se concentran en la tarde y noche.
La crisis energética en Cuba se ha intensificado debido a las continuas averías en las unidades de producción de las siete centrales termoeléctricas del país, muchas de las cuales superan los 40 años de operación. Esta obsolescencia, combinada con una falta crónica de inversiones y mantenimiento, ha dejado al sistema eléctrico en un estado alarmante.
En respuesta a esta crisis, el Gobierno cubano ha recurrido al alquiler de centrales eléctricas flotantes en años recientes. Aunque esta estrategia puede ofrecer una solución temporal, es costosa, genera contaminación y no aborda los problemas estructurales del sistema energético nacional.
Los constantes cortes de luz están teniendo un impacto negativo en la economía de la isla, que se contrajo un 1,9% en 2023. Este contexto ha fomentado un creciente descontento social en una población que ya se encuentra en una situación crítica debido a una prolongada crisis económica que se arrastra desde hace cuatro años.

