El gobierno de Brasil, encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva, marcó distancia frente al régimen de Nicolás Maduro tras rechazar la denuncia venezolana que acusa a Estados Unidos de violar el Tratado de Tlatelolco con el despliegue de buques militares en el Mar Caribe. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, la presencia naval norteamericana no infringe el acuerdo que prohíbe las armas nucleares en América Latina y el Caribe.
El desacuerdo se originó después de que el gobierno de Venezuela presentara, el pasado 18 de septiembre, una queja formal ante la Agencia para la Prohibición de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL). Caracas sostiene que los movimientos de las embarcaciones estadounidenses constituyen una violación directa del tratado de desnuclearización regional.
En un comunicado oficial, las autoridades venezolanas afirmaron: “Esta acción viola abiertamente el Tratado de Tlatelolco, un instrumento que estableció la desnuclearización de la región y que también vincula a los Estados Unidos en virtud de los Protocolos I y II”.
Sin embargo, Brasil discrepó públicamente de esa interpretación. El Ministerio de Asuntos Exteriores explicó que el tratado no aplica en este caso, ya que el uso de tecnología nuclear con fines de propulsión no está contemplado como un armamento. “El gobierno brasileño discrepa del argumento presentado, puesto que el artículo 5 del Tratado de Tlatelolco excluye de la definición de arma nuclear ‘el instrumento que puede utilizarse para el transporte o la propulsión del dispositivo’, siempre que sea separable del mismo y no forme parte indivisible del arma”, puntualizó la Cancillería brasileña en declaraciones recogidas por el diario Folha de São Paulo.
La posición de Brasil no solo responde a un criterio jurídico, sino también a intereses estratégicos. El país sudamericano desarrolla actualmente un submarino de propulsión nuclear dentro del programa Prosub, un proyecto clave para modernizar su flota naval y reforzar su autonomía tecnológica. En este contexto, respaldar la interpretación venezolana podría afectar sus planes de investigación y desarrollo en materia nuclear.
Fuentes diplomáticas indicaron que el asunto será retomado en una próxima reunión del consejo de la OPANAL, aunque aún no se ha confirmado la fecha. El debate se produce en medio de un clima de tensión regional y pocas semanas antes de la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford, que se trasladará desde Medio Oriente hacia el Caribe.
El episodio evidencia las diferencias en la lectura del Tratado de Tlatelolco entre dos gobiernos que, pese a su afinidad política, mantienen posturas divergentes cuando se trata de soberanía y desarrollo militar. Mientras Caracas busca frenar la presencia de buques estadounidenses en aguas cercanas, Brasil apuesta por defender su derecho a avanzar en el uso pacífico de la energía nuclear con fines estratégicos.

