Antártida revela su antiguo bosque: hallan diminutos fósiles de ámbar en el fondo marino

Noticia

Un descubrimiento reciente en la Antártida está cambiando la percepción sobre la historia de este continente helado. Durante una perforación marina en la Pine Island Bay, en la costa occidental, científicos encontraron diminutos fragmentos de ámbar fósil, lo que podría ser la primera evidencia confirmada de la presencia de esta resina en la región.

La investigación se realizó en 2017 a bordo del buque Polarstern, utilizando el taladro MARUM‑MeBo70, según informa un artículo de la Universidad de Cambridge. Durante la extracción, los expertos recuperaron sedimentos con capas de lignito —una forma de carbón blando— que, tras un procesamiento cuidadoso, revelaron pequeños granos de resina fosilizada.

El ámbar, según explica el Museo del Ámbar, es una resina fósil producida por árboles prehistóricos. En su estado inicial, esta resina era pegajosa y atrapaba materiales tanto orgánicos como inorgánicos, lo que permitió su preservación a lo largo de millones de años. Estos fósiles representan restos orgánicos encapsulados que, al endurecerse, se transforman en una de las pocas piedras preciosas de origen natural y biológico.

De acuerdo con Earth.com, el hallazgo sugiere que hace aproximadamente 90 millones de años, la Antártida disfrutaba de climas más templados y contaba con bosques de coníferas capaces de producir resina. A pesar de su tamaño diminuto, estos fragmentos de ámbar pueden contener rastros microscópicos de tejido vegetal, ofreciendo información valiosa sobre los antiguos ecosistemas antárticos.

Los científicos sostienen que este descubrimiento abre la puerta a estudios químicos y biológicos que podrían reconstruir cómo eran los árboles y el entorno de la Antártida en la era del Cretácico. Hasta ahora, no se había identificado ningún depósito confiable de ámbar en este continente, lo que convierte a este hallazgo en un gran secreto revelado sobre su pasado natural.

Además de su valor científico, estos fósiles permiten entender la dinámica climática de épocas remotas y la capacidad de la vegetación de adaptarse a los cambios ambientales. Los investigadores esperan que futuros análisis aporten más detalles sobre la biodiversidad y el clima del antiguo continente helado, contribuyendo a la comprensión global de la historia climática de la Tierra.

En síntesis, este diminuto trozo de ámbar es mucho más que un fósil: es una ventana al pasado, un testimonio de que la Antártida alguna vez fue un territorio verde y vibrante, muy diferente al desierto helado que conocemos hoy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *