Josefa Lorenzo, una mujer de Elche (Alicante), ha logrado que un tribunal español reconozca formalmente los años que dedicó al cuidado de su nieta, a quien crió “como a una hija” durante tres décadas. La sentencia, catalogada como pionera, concede a la abuela un complemento mensual de 35 euros con 90 céntimos, una cifra que, aunque simbólica, sienta un precedente para reconocer el trabajo de los abuelos en la crianza.
Una vida dedicada a la nieta
Josefa tenía 38 años cuando quedó a cargo de su nieta, entonces de 18 meses. Divorciada y con un hijo de 14 años, enfrentó desafíos importantes para conciliar la vida laboral y familiar, trabajando turnos de 10 horas en una fábrica de calzado. Con resiliencia, se convirtió en la figura principal en la crianza de la menor, cuyos padres no podían ocuparse de ella.
“La he criado como a una hija”, comenta Josefa con orgullo, recordando los años de dedicación, cuidados y sacrificios. Su historia refleja el papel fundamental que muchos abuelos desempeñan en las familias españolas, especialmente cuando los padres no están presentes.
La sentencia y su valor simbólico
El tribunal reconoció la labor de Josefa y determinó el pago mensual como un complemento de pensión, destacando que este tipo de reconocimiento sienta un precedente legal para otros abuelos y abuelas en situaciones similares. Para la periodista Sonsoles Ónega, la decisión marca un “antes y un después” en el reconocimiento de los cuidados familiares.
Sin embargo, la cantidad asignada ha generado críticas. La abogada Isabel Rábago calificó el monto de “vergonzoso”, y muchos medios y ciudadanos coinciden en que 35 euros al mes es insuficiente frente a 30 años de cuidado continuo.
Josefa, por su parte, mantiene sentimientos encontrados: se alegra por la justicia simbólica y la apertura de la puerta a otros reconocimientos, pero reconoce que la cifra económica es modesta. “Lo que más me alegró fue que otras personas también podrían ser reconocidas por cuidar a sus nietos”, afirma.
Contexto y repercusión
El fallo se produce en un momento en que en España se debate la importancia de los cuidados familiares no remunerados, especialmente los realizados por abuelos y abuelas. Este reconocimiento legal puede abrir la vía a beneficios económicos similares para personas que, como Josefa, han asumido responsabilidades parentales en ausencia de los progenitores.
Aunque la cantidad sea simbólica, el impacto del fallo es relevante para visibilizar el papel de los abuelos en la crianza y su contribución a la cohesión familiar. La historia de Josefa Lorenzo demuestra que la justicia puede reconocer el esfuerzo y la dedicación, aunque todavía falten medidas más equitativas para compensar décadas de trabajo no remunerado.

