En el centro de Guayaquil, las festividades navideñas transforman el paisaje con la llegada de cientos de comerciantes que trabajan hasta las horas previas a la Nochebuena. Entre ellos, María León y María de los Ángeles Toscano son ejemplos vivos de esfuerzo y dedicación en esta temporada, donde las compras de último minuto son protagonistas.
Una tradición de lucha y superación
María León, quien lleva más de 30 años trabajando en la Bahía de Guayaquil, reemplaza en diciembre sus habituales verduras por productos navideños como gorros, diademas, juguetes y fundas de regalo. A pesar de padecer artrosis, que afecta su movilidad, recorre diariamente las calles desde temprano con la esperanza de vender todo antes de la cena navideña.
Desde joven, esta comerciante, originaria de Cuenca, se ha dedicado al comercio para sacar adelante a sus cuatro hijos. “Mis hijos saben que nada es fácil, todo cuesta trabajo”, comparte con orgullo. Con productos que ofrece desde $1, María sigue trabajando incansablemente para sostenerse y mejorar su hogar.
“Este año la situación es difícil, pero tengo fe en que las ventas aumenten en estas últimas horas. Siempre pienso que en Navidad puede ocurrir un milagro”, comenta León, quien planea regresar a su venta de verduras después de las festividades.
Navidad en familia y trabajo en equipo
Por su parte, María de los Ángeles Toscano, de 25 años, combina su empleo formal con la tradición familiar de trabajar en las festividades. Desde los 7 años, ha ayudado a su padre en la venta de juguetes y envolturas en la Bahía. Con una mesa repleta de papeles, cintas y fundas decoradas con motivos navideños, ella y sus siete hermanos atienden a familias que buscan dar un toque especial a sus regalos.
En un día típico de diciembre, María puede envolver hasta 30 regalos, cifra que se duplica en las horas previas a la Nochebuena. Entre los recuerdos que atesora está la historia de una joven madre que, tras un año de arduo trabajo vendiendo caramelos, logró comprar un juguete para su hijo. “Esa sonrisa de emoción nos recuerda que también venimos de abajo y que todo esfuerzo tiene su recompensa”, dice María, quien le regaló la envoltura como gesto solidario.
El ambiente de trabajo en su puesto está lleno de risas y camaradería. Incluso el más pequeño de la familia, un bebé de 5 meses, acompaña a los Toscano en las jornadas más ajetreadas. “Decimos de broma que desde pequeño debe aprender que la leche cuesta”, comenta entre risas.
Navidad diferente, pero unida
Aunque trabajan hasta las 20:00 o más el 24 y 25 de diciembre, para los Toscano la verdadera celebración llega el 2 de enero, cuando se toman un descanso y comparten juntos como familia. “La Navidad es unión. Lo importante es crear momentos mágicos para los niños, que son los que más disfrutan esta fecha”, concluye María de los Ángeles, orgullosa del legado de trabajo y valores que su familia ha construido a lo largo de los años.

