La administración del expresidente Donald Trump consolidó una política exterior marcada por el distanciamiento de organismos multilaterales. Una de las decisiones más emblemáticas fue el anuncio oficial de la salida de Estados Unidos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), lo que elevó a cinco el número de agencias y tratados internacionales de los cuales el país se retiró durante ese período.
El portavoz del Departamento de Estado informó el martes que la decisión de dejar la Unesco se tomó debido a lo que el gobierno calificó como una «persistente tendencia antiisraelí» dentro del organismo, así como la necesidad de reformas estructurales que, a juicio de Washington, nunca se concretaron. «Esta decisión no fue tomada a la ligera», indicaron desde la Casa Blanca, subrayando que la medida refleja una línea política coherente con la visión de “America First” impulsada por Trump desde su llegada al poder.
Pero la Unesco no fue el único blanco de este viraje diplomático. Durante su gestión, Trump también retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del Pacto Mundial para la Migración y del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), más conocido como el acuerdo nuclear con Irán, negociado en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU.
Estas decisiones generaron un fuerte debate internacional y críticas tanto de aliados como de funcionarios internos. Por ejemplo, Audrey Azoulay, entonces directora general de la Unesco, lamentó la salida estadounidense y expresó su esperanza de que la nación reconsiderara su decisión, destacando que Estados Unidos había sido un socio fundamental desde la creación del organismo en 1945.
Las implicaciones geopolíticas de estas salidas no han sido menores. Organizaciones como Human Rights Watch y Greenpeace advirtieron que este aislamiento podría debilitar los esfuerzos globales en derechos humanos, medioambiente y cooperación científica. Asimismo, analistas consideran que estas acciones podrían disminuir la capacidad de Estados Unidos para influir en los estándares internacionales y en la toma de decisiones globales.
Aunque algunas de estas medidas fueron revertidas posteriormente por la administración de Joe Biden, el precedente marcó un antes y un después en la política exterior estadounidense, generando interrogantes sobre la continuidad de su compromiso con el multilateralismo.

