Venezuela elevó este domingo 26 de octubre su denuncia internacional tras la llegada del buque destructor estadounidense USS Gravely a Trinidad y Tobago, en medio de ejercicios militares que se extenderán hasta el 30 de octubre. Caracas calificó estas maniobras como una provocación y advirtió que no se trata de ejercicios defensivos, sino de “una operación colonial de agresión militar que busca imponer el dominio de Estados Unidos en el Caribe”.
El USS Gravely, equipado con sistemas de misiles avanzados, atracó en Puerto España, la capital trinitense, un país vecino de Venezuela y estratégico en el Caribe de habla inglesa. Desde agosto, la administración de Donald Trump autorizó el despliegue de una flotilla de buques en la región, argumentando la necesidad de combatir el narcotráfico.
Sin embargo, esta acción se produce después de que la justicia estadounidense incrementara a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, acusado de “narcoterrorismo”. Para Caracas, esto evidencia un patrón de hostigamiento político y militar que podría escalar a un conflicto abierto.
En un comunicado oficial, Venezuela afirmó que los ejercicios frente a sus costas constituyen “una provocación militar de Trinidad y Tobago en coordinación con la CIA para desatar una guerra en el Caribe”. El texto señala que las maniobras, que se desarrollan entre el 26 y 30 de octubre, están bajo la coordinación, financiamiento y control del Comando Sur de EE. UU., lo que representa, según Caracas, “una grave amenaza a la paz y estabilidad del Caribe”.
La administración venezolana cuestionó directamente a la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, por su respaldo a las políticas de Washington. “Ha renunciado a la soberanía de su país para actuar como una colonia militar subordinada a los intereses hegemónicos estadounidenses, convirtiendo el territorio trinitense en un portaviones para operaciones bélicas contra Venezuela, Colombia y toda Suramérica”, afirma el comunicado.
Paralelamente, Venezuela informó que detuvo a un grupo de mercenarios con vínculos directos con la CIA. Según las autoridades, esta captura permitió detectar un posible ataque de falsa bandera, que podría lanzarse desde aguas limítrofes con Trinidad y Tobago, desde territorio trinitense o incluso venezolano, con el objetivo de generar un enfrentamiento militar completo. La acción se interpreta como parte de un patrón de presión y amenazas en la región, en el que Estados Unidos busca justificar su presencia militar en el Caribe.
Este escenario refuerza la tensión regional y plantea interrogantes sobre la estabilidad en el Caribe y Suramérica. Expertos en geopolítica han señalado que estas maniobras podrían escalar si no se establecen canales de diálogo y mediación, considerando que la presencia de fuerzas extranjeras cerca de las fronteras venezolanas aumenta el riesgo de incidentes no deseados.
La situación también se enmarca en la compleja relación de Venezuela con Estados Unidos y sus aliados en la región, donde el control de rutas estratégicas y el dominio militar son percibidos como elementos clave para la política exterior estadounidense. Mientras tanto, el gobierno venezolano insiste en que la comunidad internacional debe estar alerta ante “acciones hostiles que ponen en peligro la paz en el Caribe y el continente suramericano”.

