En Salcedo, provincia de Cotopaxi, la Unidad Educativa Particular General Eloy Alfaro ha demostrado que la educación ambiental puede generar un impacto real. Gracias al proyecto Aprendiendo para la Vida, creado en 2020 por los docentes Francisco Paredes y Andrea López, la institución logró reducir en 90 % sus residuos orgánicos y transformar la relación de su comunidad con el entorno natural.
El proyecto nació tras la pérdida de la fundadora del plantel, Aída Proaño. “Fue un momento de cambio profundo. Queríamos entregar a nuestros estudiantes una herramienta que combinara el uso de la tecnología con la conciencia ambiental y la sostenibilidad”, recuerda Paredes, rector y docente de la institución.
Desde su implementación, la asignatura forma parte del currículo en todos los niveles, desde inicial hasta tercero de bachillerato, e integra temas como reciclaje, compostaje, huertos orgánicos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.
Un modelo educativo basado en la acción y la sostenibilidad
En los primeros años, los estudiantes participan directamente en actividades prácticas como la siembra, cosecha, elaboración de compost y biofertilizantes, y campañas de reciclaje. En los niveles superiores, la enseñanza se amplía hacia el diseño de proyectos con enfoque sostenible, análisis de problemáticas locales y desarrollo de soluciones ecológicas.
“El objetivo es formar jóvenes críticos y comprometidos con su entorno, que entiendan el impacto de sus decisiones en el planeta”, enfatiza López, psicóloga y cofundadora del programa.
Este enfoque le valió a la institución el reconocimiento del Ministerio de Educación como una de las escuelas innovadoras del Ecuador. Además, sus alumnos han alcanzado premios nacionales e internacionales, como el primer lugar en el concurso Escuela Emprendedora 2024 y la distinción de finalistas en The Earth Prize (Suiza), con proyectos sostenibles como Suelux y Ecosemilla.
Resultados medibles: del compostaje al uso de vajilla reutilizable
Entre 2021 y 2022, la escuela generaba aproximadamente 250 kilogramos de residuos mensuales, entregados al recolector municipal. Un año después, tras implementar mecanismos de reciclaje y zonas de separación, la cifra bajó a 200 kg por mes. En 2023, la introducción de composteras artesanales y sistemas de clasificación permitió reducir el volumen a 100 kg mensuales.
“Hoy, con el uso de composteras tecnificadas y un biodigestor adquirido gracias al fondo del proyecto Ecomercados, solo se producen unos 5 kilogramos semanales de residuos orgánicos”, explica Paredes.
Una medida clave fue la eliminación de productos desechables en el bar escolar, reemplazándolos por vajilla reutilizable. Los restos de alimentos se destinan al biodigestor, mientras que los residuos crudos y papel se utilizan en las composteras, cerrando el ciclo de sostenibilidad dentro del campus.
Un impacto que trasciende el aula
La iniciativa no solo ha transformado la escuela, sino también a su entorno. Más de 150 familias del norte de Salcedo han adoptado prácticas de compostaje y reciclaje doméstico, aplicando los conocimientos transmitidos por los estudiantes.
Con proyectos como Ecohuerto, que promueve la producción agroecológica, y Ecomercados, que fomenta la recolección y compostaje de residuos de mercados locales, la institución planea seguir expandiendo su impacto ambiental. Para 2025, su meta es sembrar 500 nuevas plantas como parte de sus campañas de reforestación.
“El cambio empieza en el aula, pero su efecto se extiende a toda la comunidad”, concluye Paredes.

