En Samanes 7, un sector de Guayaquil, la inseguridad ha alcanzado niveles alarmantes, especialmente en las últimas semanas, con un aumento en los robos y asaltos a plena luz del día y durante la noche. Los residentes, quienes han convivido con la preocupación por la delincuencia, no solo se sienten vulnerables en sus hogares, sino también al caminar por las calles. Las autoridades locales han comenzado a implementar medidas para mitigar el impacto de los actos delictivos, como el cierre de varias intersecciones y la instalación de rejas en puntos clave del barrio.
Un robo que cambia la rutina diaria
Joaquín, un vecino que lleva quince años en el sector, fue víctima de un asalto reciente cuando esperaba a sus amigos en una esquina de Samanes 7. A las 19:00 horas, dos hombres a bordo de una tricimoto lo interceptaron, uno de ellos lo apuntó con un arma y le exigió su teléfono celular. Tras este incidente, Joaquín decidió modificar sus hábitos, y ahora prefiere dejar su teléfono en casa para evitar ser blanco de los ladrones. «Ya no ando con teléfono; lo guardo en casa y cuando regreso, ahí reviso los mensajes», comentó con cautela, mientras observaba las rejas instaladas en las entradas de las calles cercanas.
La situación no es única. En otro hecho ocurrido hace dos meses, una mujer que era dueña de una tienda local fue asaltada por individuos armados que llegaron en motos. Estos ladrones robaron dinero y teléfonos celulares mientras la mujer atendía a sus clientes. «Fue cuestión de minutos», relató la víctima, quien fue sorprendida en la oscuridad de la noche, alrededor de las 20:00 horas. Este tipo de robos ha ocurrido con frecuencia, y los residentes aseguran que cada semana se reportan entre seis y ocho casos de asaltos.
Medidas de seguridad ante la creciente delincuencia
Ante esta creciente ola de inseguridad, los residentes han comenzado a adaptarse, modificando sus rutinas diarias y tomando precauciones adicionales. La propietaria de la tienda, por ejemplo, ha decidido cerrar su negocio más temprano, a las 20:00 horas, una hora antes de lo que solía hacer, para evitar ser víctima de un asalto nocturno. Sin embargo, no todos se sienten tranquilos con las medidas implementadas. «A veces nos sentimos con miedo, y me pongo en manos de Dios para tener algo de paz», confesó la mujer, quien ha notado una presencia policial intermitente en la zona, pero que considera insuficiente.
El temor aumenta con la oscuridad y los apagones
La falta de iluminación pública debido a apagones frecuentes ha empeorado la situación. Martín, un vecino que trabaja como guardia de seguridad, destacó que los delincuentes se aprovechan de la oscuridad, particularmente en la mañana temprano y durante la noche, entre las 19:00 y 20:00 horas. Estos delincuentes se desplazan principalmente en motos, lo que les permite moverse rápidamente y atacar a mujeres solas o a peatones distraídos. Incluso, en algunos casos, los criminales se han dado a la fuga en contravía, utilizando la Avenida Teodoro Alvarado como ruta de escape.
Joaquín, preocupado por la falta de vigilancia en ciertos puntos, propuso que se instalen puntos de vigilancia adicionales en las entradas y salidas del sector, especialmente durante los horarios de mayor actividad delictiva. «Esto está peligroso, no hay vigilancia», expresó el vecino, señalando que los patrullajes policiales son insuficientes para frenar la ola de robos en la zona.
Casos adicionales de asaltos y extorsiones
En los alrededores de la Avenida Orellana y la Avenida Teodoro Alvarado, también se han reportado varios robos, algunos de ellos en cajeros automáticos, donde los asaltantes han aprovechado la distracción de las personas para robarles dinero o vehículos. Además, un incidente alarmante ocurrió en un negocio local, donde se alertó sobre la presencia de explosivos, aparentemente como parte de un acto de extorsión.
La creciente preocupación entre los vecinos se ve reflejada en las advertencias informales que se dan entre ellos. Juan, un trabajador de una panadería, comentó que ha sido testigo de al menos dos robos a peatones y se esfuerza por alertar a las mujeres, en especial, sobre los peligros de caminar distraídas. «A veces están chateando y les aviso; piensan que estoy enamorándolas, pero no es por eso, sino porque roban casi todo el tiempo», dijo, con un tono de frustración.
La inseguridad en Samanes 7 ha generado un clima de temor generalizado entre sus habitantes, quienes exigen una mayor presencia de las autoridades para combatir el aumento de la criminalidad en la zona.
