El gendarme argentino Nahuel Gallo, liberado el pasado sábado tras permanecer 448 días detenido en Venezuela, describió este miércoles a la cárcel donde estuvo preso como un “lugar de tortura psicológica”. Esta fue su primera declaración pública durante una rueda de prensa en Argentina desde su regreso al país.
“El El Rodeo I no es un lugar muy, muy bueno. Es un lugar de bastante tortura psicológica y no muy grata para contarla en estos momentos”, afirmó Gallo, visiblemente conmovido y aún procesando lo vivido. Sus palabras reflejan el impacto emocional que sufrió tras casi año y medio de cautiverio en un penal que ha sido señalado en múltiples ocasiones por activistas y familiares de presos por sus condiciones severas.
El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina explicó que aún no se siente totalmente capaz de relatar con detalle la experiencia, pero sostuvo que “hasta que no liberen a todos los extranjeros del Rodeo, yo no estoy libre”, en referencia a los 24 compañeros de detención que aún permanecen recluidos allí.
Gallo llegó a Argentina el lunes en un vuelo privado acompañado por directivos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y fue recibido por autoridades, familiares y miembros de la fuerza. Agradeció el acompañamiento de las autoridades argentinas durante su detención y destacó la importancia del apoyo de su familia tras su liberación.
El uniformado también pidió por la liberación de los “otros 24 extranjeros” con los que compartió cautiverio, reiterando el llamado a organismos internacionales a no olvidar la situación de los detenidos en centros penitenciarios venezolanos.
Gallo fue detenido en diciembre de 2024 al ingresar a Venezuela por la frontera con Colombia, aparentemente para visitar a su pareja y su hijo, sin que se conociera un proceso judicial público claro en su contra. Su caso había generado preocupación diplomática y reclamos de Argentina, que calificó su detención de arbitraria y violatoria de derechos humanos.
Tras su regreso, el gendarme está sometido a evaluaciones médica y psicológica en la sede de la Gendarmería en Buenos Aires, donde se recupera antes de retomar su vida familiar y laboral. Su relato pone de relieve la dureza de la experiencia vivida y abre un nuevo capítulo en la discusión internacional sobre las condiciones de detención en Venezuela.

