Lionel Messi ha presentado una demanda por 50.000 euros contra los activistas de la organización Futuro Vegetal que vandalizaron su mansión en Ibiza. El incidente ocurrió el 6 de agosto, cuando los activistas, conocidos por sus protestas climáticas, arrojaron pintura sobre la fachada de la propiedad de Messi, ubicada en el lujoso área de Santa Eulària.
La protesta incluía un cartel con un mensaje provocador que decía: “Ayuden al planeta, coman a los ricos, abolan a la policía”. Este acto de desobediencia civil fue dirigido a denunciar lo que los activistas consideran prácticas irresponsables y dañinas para el medio ambiente. Según Bilbo Bassaterra, portavoz de Futuro Vegetal, la cifra de 50.000 euros es considerable y se ha fijado con una estimación inicial que supera el costo de los daños reales.
El 8 de agosto, los tres activistas fueron detenidos por la policía y liberados tras 24 horas de arresto. Se les acusó de daños por las protestas realizadas en la mansión y en el Leonardo Royal Hotel, al que también habían dirigido sus críticas, alegando que este hotel financiaba lo que ellos describen como “genocidio” en Gaza. Posteriormente, se les impuso una acusación formal por daño a la propiedad.
Bassaterra también ha cuestionado la demanda, argumentando que el monto reclamado es excesivo, especialmente considerando que la mansión de Messi “fue construida sin los permisos adecuados”. El portavoz ha sugerido que la cantidad reclamada podría estar inflada para el procedimiento judicial.
Este caso resalta la creciente tensión entre figuras públicas y movimientos activistas, y pone de relieve el impacto de las protestas climáticas en la vida personal de los individuos afectados. La respuesta de Messi y la medida judicial tomada podrían establecer un precedente sobre cómo se manejan las acciones de protesta que involucran daños materiales y figuras prominentes.

