Las viviendas de un pueblo en Guatemala han cambiado notablemente en los últimos años gracias al dinero que envían los migrantes desde el extranjero. Las casas que antes eran sencillas y de pocas habitaciones ahora son construcciones amplias, de dos o tres plantas, con balcones, grandes ventanales y hasta locales comerciales.
Este fenómeno se observa en el municipio de San Martín Sacatepéquez, ubicado en el departamento de Quetzaltenango, donde las remesas enviadas por quienes trabajan en Estados Unidos han impulsado un cambio arquitectónico visible en la comunidad.
De acuerdo con reportes citados por medios internacionales, el municipio, que cuenta con alrededor de 30.000 habitantes, muestra ahora viviendas modernas con balcones metálicos, cristales reflectantes e iluminación LED, un estilo muy diferente al de las construcciones tradicionales de hace una década.
El crecimiento económico generado por las remesas ha sido significativo. Según el Banco de Guatemala, en 2025 el país recibió más de 25.530 millones de dólares en remesas familiares, una cifra que representó un aumento cercano al 18,7 % respecto al año anterior.
Arquitectos de la zona señalan que muchos migrantes trabajan durante varios años en Estados Unidos con el objetivo de regresar y disfrutar de lo que lograron ahorrar. Esa experiencia también influye en el estilo de las viviendas, que adoptan elementos propios de la arquitectura norteamericana.
Las llamadas “casas de remesas” suelen incluir materiales como porcelanato, mármol, maderas finas, cocinas tipo americana y ventanales espejados. Además, muchas de ellas incorporan locales comerciales en la planta baja, lo que permite a las familias generar ingresos adicionales.
Un ejemplo es el de María, cuya madre emigró en 2011 a Estados Unidos para trabajar limpiando casas en Virginia. Tras más de una década de ahorro, logró construir la vivienda soñada para su familia, una casa amplia de cuatro habitaciones que esperan disfrutar juntos cuando regrese a Guatemala.

