En una maniobra que ha despertado alarma internacional, la llamada flota fantasma de Rusia ha emprendido un arriesgado intento por atravesar el Ártico, desafiando las duras condiciones del hielo marino. El buque Buran, que forma parte de esta flota clandestina, se encuentra navegando de manera errática en busca de un paso transitable, según datos satelitales y reportes marítimos citados por Swissinfo y El Economista.
Tras más de tres años desde la invasión de Ucrania, Moscú ha visto restringido su acceso a los mercados energéticos occidentales debido al embargo impuesto por la Unión Europea y los países del G7 en diciembre de 2022. Ante esta situación, el Kremlin desarrolló una flota paralela compuesta por alrededor de 600 buques registrados bajo empresas fantasma en paraísos fiscales, con el fin de seguir comerciando petróleo y gas natural licuado (GNL), además de transportar material militar clave.
Un viaje temerario por mantener el flujo energético
Fuentes citadas por El Economista señalan que Rusia necesita mantener su exportación de hidrocarburos “a todos los rincones del mundo pese al vasto entramado de sanciones occidentales”. Sin embargo, la creciente presión de Washington ha complicado las operaciones marítimas, forzando a algunos de estos buques a adoptar rutas impredecibles.
El Buran, de 293 metros de eslora, zarpó el pasado 26 de octubre desde la península de Kamchatka, una región conocida por su actividad sísmica, y se dirigió hacia el norte del estrecho de Bering, que separa Rusia de Alaska. Desde entonces, ha estado navegando por la Ruta del Mar del Norte, bordeando el Ártico ruso. Los informes de seguimiento muestran que el navío se desplaza repetidamente de norte a sur, un indicio de que no logra encontrar un paso libre de hielo.
Especialistas marítimos advierten que “para condiciones de hielo más severas, el Buran requiere la escolta de un rompehielos”. En este contexto, otro buque denominado Voskhod, considerado su “gemelo”, avanza desde el oeste siguiendo al rompehielos nuclear Sibir con la esperanza de alcanzarlo y facilitar su tránsito.
Sanciones cada vez más estrictas
Mientras el Buran lucha contra el hielo ártico, la Unión Europea ha intensificado sus sanciones contra Rusia. A finales de octubre, el bloque comunitario amplió su lista negra con más de 100 petroleros relacionados con la flota fantasma. Además, hace dos semanas, la UE aprobó su decimonoveno paquete de sanciones, que incluye un embargo total al GNL ruso a partir de enero de 2027.
El Consejo Europeo también ha incorporado 117 buques adicionales a su lista de barcos con prohibición de acceso a puertos europeos y de recibir servicios logísticos o financieros. Estas medidas buscan frenar la red paralela de transporte marítimo que Moscú utiliza para evadir las restricciones, mover su petróleo y gas, e incluso trasladar “grano ucraniano robado”, según el comunicado oficial.
Analistas internacionales califican la decisión rusa de desafiar el Ártico como “temeraria”. Las maniobras del Buran simbolizan la desesperación del Kremlin por mantener su comercio energético pese al aislamiento global. Sin embargo, los riesgos medioambientales y logísticos de atravesar una de las zonas más inhóspitas del planeta podrían convertir esta estrategia en un nuevo fracaso marítimo para la llamada flota fantasma de Rusia.

